“Desde 1730 bebemos café los venezolanos”

“Desde 1730 bebemos café los venezolanos”

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El café es la bebida que se obtiene a partir de los granos tostados y molidos de los frutos de la planta del café; es altamente estimulante por su contenido de cafeína, ​ una sustancia psicoactiva. Este producto es uno de los más comercializados del mundo y una de las tres bebidas​ más consumidas del mundo. El primer cafeto que llegó a Venezuela fue sembrado por misioneros españoles asentados en la cuenca del río Caroní, en 1730.

Una década después de su introducción en Venezuela, y partir de 1740 el cultivo de café empezó a propagarse a la gobernación de Caracas y, poco a poco, al resto del país “el cafeto ya se cultivaba en los aledaños de Caracas en 1784, donde su fruto comenzó a ser preciado para preparar una infusión. Del contorno urbano, el arbusto sabeo pasó a ser cultivado en los campos, centrándose a fines del siglo pasado en la zona andina, que desde entonces ha sido considerada región cafetalera por excelencia. El progreso en el cultivo del café fue relativamente rápido, llegando a ser renglón de exportación desde 1796”.

Por mucho tiempo, Gran café de Sabana grande fue el amparo favorito de los caraqueños. No había franja etaria que separara los diferentes estratos sociales. Fundado por Henri Charrière, conocido como Papillon, es hasta ahora uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad. Sin duda, el alborozo de otrora se ve opacado por la inseguridad y no es prudente visitarlo en horario nocturno.

Todavía hay espacios que rehúyen a la soledad y reivindican los momentos para las fabulaciones verbales. Vienen a representar monumentos a la distracción: Café Vomero y Café Noisette en La Carlota, Café Piú en Bello Monte, Café Venezuela en la Plaza Bolívar, Café Trinacria en Chacao, Café Artesano en La Candelaria, Café Billares Nico en la Avenida Victoria, la Tienda Nino Carbone en Altamira, Café Arábica y Bila Café en Los Palos Grandes, entre muchos otros. El venezolano, siempre identificado con el regocijo no podía dejar pasar estas notas distintivas para hacer de esto motivo de chiste. El show de Joselo transmitido por RCTV contaba con un sketch en el que él hacía las veces de mesonero y preguntaba a los comensales cómo querían ordenar su café. Tomaba nota de cada una de las diferentes solicitudes y cuando se dirigía al barista sencillamente decía: ocho cafés, por favor. Ni el ilustre escritor Rómulo Gallegos en Doña Bárbara pudo dejar de mencionarlo: “Santos (Luzardo) continuó saboreando, sorbo a sorbo, el café tinto y oloroso, placer predilecto del llanero, y, mientras tanto, saboreó también una olvidada emoción”.

En la clasificación del café resalta la personalidad del venezolano: bullanguero o parsimonioso todos lo piden, aunque de diversa forma: cortado, tetero, con leche, marrón, marrón claro, marrón oscuro, guarapo, envenenado, cerrero, negro o negro corto. Nunca desdeña de su patriotismo. Al contrario, exalta su compenetración internacional que se sustrae al ámbito cotidiano. Por eso, hay quienes lo piden cappuccino, espresso o macchiato.

 

 

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