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Si podemos resolver el hambre / Pedro Piñate

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El sistema agrícola de mayor importancia relativa es el de cultivos anuales mecanizados, con ventajas para arroz, ajonjolí, algodón y girasol.

 

Si queremos como nación, podemos con agricultura resolver el hambre. Y no es que lo diga reiteradamente este Quijote agrícola devenido en articulista de El Universal. Lo dicen y prueban nuestros hombres y mujeres de ciencia. Así el reporte de la Red Interamericana de Academias de Ciencias – IANAS, titulado Retos y oportunidades de la seguridad alimentaria y nutricional en las Américas. El punto de vista de las Academias de Ciencias. Noviembre, 2017, el capítulo sobre Venezuela escrito por 25 científicos nacionales, es todo un aporte al conocimiento objetivo de la situación. La paradoja del petro estado con hambre queda al desnudo, ante las ventajas comparativas de nuestro sector agropecuario para muchos rubros. Y como resolver el hambre con agricultura es lo que se trata, el liderazgo emergente de la nación debe conocerlas y procurar el mejor uso de ellas.

“Venezuela tiene potencial para desarrollar sistemas productivos tropicales. Posee una superficie de 916.000 km2, equivalente a 91.6 millones de hectáreas. Un estudio de Marín (1999), extrapolable al presente, señala para un total de 55 millones de hectáreas analizadas, claro predominio de tierras con aptitud pecuaria y forestal: alrededor de 38 millones de hectáreas y cerca de 7 millones de hectáreas agrícolas. También señala 36 millones de hectáreas, casi 80% de este total, con potencial pecuario (27 millones de hectáreas). Las tierras para la agricultura vegetal apenas rondan 7 millones de hectáreas, para las que son variadas las posibilidades de la agricultura.

El sistema agrícola de mayor importancia relativa es el de cultivos anuales mecanizados, con ventajas para arroz, ajonjolí, algodón y girasol. La dotación agroclimática ofrece ventajas para plantaciones de piso alto como café, rubros tropicales como cacao, caña de azúcar, palma africana, coco, merey, frutales (piña, mango, lechosa, melón, patilla, parchita, naranja, mandarina, cambur, plátano, aguacate, etcétera), raíces y tubérculos (yuca, papa, ocumo, ñame, mapuey, batata), cultivos hortícolas como tomate, cebolla, repollo, lechuga, ajo, brócoli, berenjena, y leguminosas como caraota y frijol.

De las tierras con aptitud pecuaria, 28 millones de hectáreas, el mayor potencial productivo, es para sistemas extensivos (10 millones de hectáreas) y semi-intensivos (6.5 millones de hectáreas) de carne, cría, levante y eventualmente ceba. Apenas 5% del total de la disponibilidad de tierras (1 millón de hectáreas) tiene aptitud para la ganadería intensiva, principalmente ceba y leche.”

Pedro Piñate / ppinate@gmail.com

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