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El aparato estruludatorio – William Amaro Gutiérrez
«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen» Juan 10:27.
La verdad es que he colocado éste título al artículo para que el lector sienta curiosidad y lea está reflexión. Y es que el mes de Mayo tiene eventos naturales que me gusta aprovechar para tratar de ilustrar la presencia de Dios como CREADOR. Por cuanto la avalancha informativa de las redes sociales actualmente está llevando por un sendero muy triste a la humanidad en lo espiritual. Y aunque Dios anhela que le sigamos por fe la ciencia y el y el otro libro divino que es la Naturaleza nos haba claramente de su real existencia.
De verdad me es inevitable exponer o tal vez redundar sobre éstos temas por cuanto a alguien ayudan a acercarse más a Dios. Les cuento. Cuando salgo a correr por la mañana vía autopista, vía Quibor, me paseo por debajo de los cujíes que adornan las orillas del sector, por lo cual, recibo por lo menos tres veces a la semana la bienvenida de un concierto polifónico de chicharras o cigarras con un sonido que sería interesante medir en decibeles.
Ese sonido “ensordecedor” de inmediato evoca en mí las tardes soleadas en el solar de mi casa cuando era niño. Aquel, donde se encontraba un enorme cují que a duras penas nos guarecía del sol y donde jugábamos con estos animalitos mi hermano gemelo, Alonso el menor de los 13 hermanos y yo. Ese cují, que refresca mis recuerdos cuando corro, ya no existe. Dejó sus lágrimas bajo el polvo para dar paso al progreso. De hecho ese CHARRASCAL como lo llamaba mi difunta madre desapareció.
Es bueno saber entonces, sobre todo aquellos que todavía piensan que la naturaleza apareció por azar, evolucionando hasta ahora. Descartando la acción Omnipotente y poderosa del arquitecto del universo, del Creador, que el canto bullicioso que escuchamos cada día en las chicharras, es entonado solo por los machos para atraer a las hembras. Y aunque el sonido es emitido a cualquier hora del día, es más frecuente e intenso al anochecer y al amanecer. Y curiosamente, cada especie emite su sonido. Propio, distinto, diferente, característico de cada una de ellas.
Otra cosa que debieran explicar los evolucionistas, es la perfección en la elaboración del sonido. Este es producido por un aparato ESTRILUDATORIO situado en los costados del primer segmento abdominal, que consta de membranas quitinosas llamadas timbales y de sacos con aire que funcionan como cajas de resonancia. ¿Cómo les parece?
Es triste ver como hombres y mujeres brillantes. Con grandes estudios, con títulos y carreras universitarias que apuntan a la excelencia, son capaces de creer que las características de este animalito que hemos descrito anteriormente sea producto de la casualidad. Y que tiene su origen en la teoría del BIG BANG que acuñaron los franceses.
Pero de las chicharras aprendemos lecciones de la Creación, por cuanto la naturaleza es el otro libro del Altísimo. Así, como el canto de los machos, es un canto de amor exclusivo para el llamado de las hembras. Así, es el canto persistente de Dios para la criatura. Para quienes andan en un mundo de confusiones teológicas. Para quienes, cierran sus oídos y su entendimiento y le dan prioridad a su YO por lo cual se alejan más de Dios. Si Ud. quiere ser del redil del Señor, entonces reconocerá su voz y obedecerá. Si no, aún sin darse cuenta, atenderá el llamado del GRAN ENGAÑADOR. Dice Dios «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen» Juan 10:27. Un texto claro y contundente para meditar en él.
¡Hasta EL PROXIMO ARTÍCULO Dios mediante!
William Amaro Gutiérrez / Wilamagu2@gmail.com
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