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La leche nos hace falta / Pedro Piñate

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Hace tiempo eliminaron el programa del vaso de leche escolar basado en leche fluida pasteurizada.

 

Según la FAO “todavía tiene que inventar el hombre un producto que sea superior a la leche para prevenir o corregir la malnutrición”. Por eso, al analizar el problema nutricional de los venezolanos, nos preguntamos que más espera la nación para promover decididamente una mayor producción y consumo de leche entre sus ciudadanos. Al respecto, conviene a todos y la dirigencia política, reflexionar sobre la calidad y cantidad de leche que hace falta. Y como el asunto trasciende más allá de la simpie distribución masiva de leche en latas o bolsas, comencemos por la errónea sustitución de la lactancia materna por la artificial en base de leche en polvo, que contribuye a elevados índices de mortalidad y morbilidad por diarreas en nuestros infantes. En vez de nutrir a los niños, los enfermamos.

En otro extremo del problema, encontramos la talla subnormal, pobre contextura y bajo rendimiento escolar que alcanzan ahora nuestros niños – la fuerza laboral del mañana, privados de tomar leche. Para completar el cuadro, de cuando en cuando según el interés político del momento, se reinauguran los mismos programas cambiados sólo de nombre y jefes, que a fuerza de mantener el margen de proveedores y comisionistas, han perdido su objetivo nutricional primero. Así por ejemplo, hace tiempo eliminaron el programa del vaso de leche escolar basado en leche fluida pasteurizada, y en otros programas, en reemplazo del tradicional suministro de leche entera en polvo, se ofrecieron los denominados sustitutos de leche. Estos, todavía de inferior calidad que la leche en polvo, siendo elaborados a partir de suero de leche desecado, lactosa y soya, son más propios de la alimentación animal que de la humana.

Aún así, los programas sociales de la leche, influyen en su consumo per capita, siendo dependientes del mayor o menor ingreso petrolero de la nación, que a su vez determina la disponibilidad para pagarlos de la hacienda pública. En consecuencia, las importaciones de leche que los suplen varían, y como la producción nacional no crece por efecto de las políticas contrarias, el consumo por habitante depende al final de sí se importa más o se importa menos cada año (…)

Por todo esto y disponiendo Venezuela de tierras, ganado, gente y tecnología suficientes para aquí producir en forma costo-eficiente la leche que requerimos, es que el pensamiento productor debe imponerse al importador. Tanto en el ámbito de la planificación y ejecución del Estado, como en el de un circuito lácteo más integrado alrededor del interés nacional. ¿Comenzamos?

Pedro Piñate / ppinate@gmail.com

 

 

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