Gremio Nacional de Caficultores: Una imperiosa necesidad

Gremio Nacional de Caficultores: Una imperiosa necesidad

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La producción cafetera en Venezuela nunca ha mostrado incrementos pese a las numerosas acciones y los múltiples programas, convenios y planes que el Estado ha intentado en el pasado, posterior al vertiginoso auge petrolero iniciado en 1925.

No es arriesgado aseverar que no existe país en el mundo que haya destinado tantos recursos a promover o hacer crecer, sin éxito, la actividad cafetera.

Además de la pobre valoración posterior a la implementación de los planes y programas, la corrupción generalizada que ha caracterizado a la acción de los gobiernos, la impunidad de los burócratas, la ausencia de independencia de los diferentes poderes públicos que debe caracterizar a una democracia y que, indirectamente, ha incidido en el fracaso de todas las iniciativas, existe en el sub sector del café otro elemento común que ha permanecido como una constante y es la ausencia de un ente gremial que represente, fielmente, los intereses del campesino, en este caso del caficultor.

En los años sesenta, setenta y ochenta existió un gremio “para-gubernamental” conocido como la Asociación Venezolana del Café (A.V.C.). Esta entidad estuvo sometida a los intereses y políticas del Fondo Nacional del Café y del Cacao (1959) y luego a FONCAFE (1975), de allí nuestra calificativo de gremio para-gubernamental, puesto que no poseía metas de crecimiento ni deseos de proyección internacional del café venezolano en el contexto internacional, además de ello, la designación de sus representantes estuvo basada en la elección de delegados y no mediante una elección universal directa y secreta que a nuestro parecer es lo más idóneo puesto que cierra la posibilidad de intervención de los partidos políticos o la manipulación por parte del gran poder económico que impera dentro de la cadena de comercialización del café o, en su defecto, hace menos vulnerable al segmento representado por los caficultores.

En los años próximos a su fenecimiento, la A.V.C. fue permeada por la política hasta, gradualmente, irse tornando en una cuota burocrática de los partidos tradicionales de turno (AD-COPEI). Su única, o más trascendental, participación estaba circunscrita a la discusión y defensa de los precios de un quintal de café en las discusiones entre el Estado y la industria, pero tampoco pudo hacerlo de manera efectiva dado la profunda debilidad que significaba el estar, indirectamente, sometida o tutelada por FONCAFE, léase sometida al Estado que siempre se inclinaba a favor del poder económico (industriales, comerciantes y exportadores privados). La indefensión del caficultor siempre estuvo presente. Algo similar a las actuales vocerías tuteladas por la Corporación Venezolana del Café.

La A.V.C. desde su creación estuvo concebida para el mantenimiento del statu quo del sector y la preservación de los privilegios a favor de un solo lado de la agro-cadena, nunca estuvo orientada hacia una real transformación del sector, ni de su crecimiento ni del posicionamiento real del producto café a nivel global.

Más allá de esto, apostar por un nuevo proyecto de organización vanguardista que, realmente, pertenezca a los caficultores es una necesidad anhelada tanto por productores, técnicos, la academia e investigadores. La existencia de una poderosa organización a nivel nacional garantiza la capitalización del sector y ofrece una palanca de desarrollo dentro de la actividad cafetera que contribuiría al posicionamiento de nuestro producto a nivel internacional; tal como ha acontecido con otros países cafeteros de América Latina quienes poseen bajo su administración centros de investigación, estaciones agrícolas experimentales, fondos de estabilización económica para épocas de contingencia de precios bajos, Bancos cafeteros, marcas comerciales que identifican el país en el contexto mundial (marca país), una extensa red de asistencia técnica que difunde las tecnologías y productos generados en sus propias entidades de investigación, incluidos la formación científica de los investigadores del café, el desarrollo de la economía de escala, el escalamiento de procesos o productos, aumentos progresivos de la productividad previo el aseguramiento de los mercados, la defensa efectiva de los cupos de exportación ante la Organización Internacional del Café (OIC), la superación de las sanciones de la OIC, la diplomacia del café vinculada a la diplomacia del petróleo, la diversificación sostenible de cultivos, el desarrollo de los recursos fitogenéticos nativos complementarios del café, el agroturismo, etc.

De igual forma, la capitalización, el crecimiento y el desarrollo integral del sector permitiría una contribución fiscal que favorecería las rentas nacionales desde el ámbito municipal. Un gremio nacional luego del debate pudiera mejorar y adoptar procesos de cuidado y preservación del aspecto ambiental relativos a los fondos de captación de carbono, financiados por los países de economías desarrolladas del norte, como ya está sucediendo en otros países cafeteros de América latina. Este es un primer aporte que puede extenderse a horas de discusión y debate, lo dejaremos hasta aquí para no cansar al lector, pero entiéndase que el empoderamiento del sector de los caficultores es una necesidad vital dentro de la economía rural en las regiones productoras de agua.

La principal de las tareas es la de convencer al propio caficultor, en segundo término a los representantes del Estado ya que dentro de sus instituciones imperan factores de poder que ven en este planteamiento una amenaza a sus intereses económicos, pero sin duda que los mayores beneficiarios son: la población rural y el propio consumidor; quienes percibirán un mejoramiento en sus condiciones de vida, una mayor calidad e inocuidad en el producto final a precios más competitivos.

El empoderamiento del sector campesino y la capitalización del rubro café son elementos determinantes para el desarrollo de las regiones cafeteras y la superación de la pobreza.

 

Ing. MSc. Freddy A. Colmenárez-Betancourt / Caficultor y Ex Investigador del INIA.  fantonicb@gmail.com

 

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