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Transformó la finca familiar con el cultivo del momento y ya tiene 400 plantas
Argentina.- Milagros Mac Donnell es una joven mendocina que apuesta al pistacho: “Es hermoso ir y ver cómo algo nace. Plantar una semillita y, con el tiempo, verla crecer hasta convertirse en una planta entera. Eso te llena de orgullo.”
En Maipú, Mendoza, Milagros Mac Donnell decidió transformar la tradición familiar en un proyecto con identidad propia. Así nació Nushka, una marca que combina trabajo artesanal, innovación y compromiso con la tierra. Con más de 400 plantas en producción y ventas que llegan a todo el país, esta joven emprendedora impulsa desde su finca un sueño: posicionar al pistacho argentino como un producto de calidad, hecho con dedicación y amor.
De la finca familiar a un proyecto propio: así nació Nushka
“Nuestra finca es familiar. Mi papá la compró con mi abuela cuando tenía 24 años, y de ahí sale el nombre: Finca La Cristina, por mi abuela”, comenzó contando a Agrofy News Milagros Mac Donnell, licenciada en Administración de Empresas y fundadora de Nushka.
Durante años, la familia se dedicó a la viña y al olivo. Milagros, mientras tanto, trabajaba de manera independiente en un estudio contable, aunque con una inquietud constante por emprender. “Siempre quise ser independiente, tener mis propios proyectos. Empecé a probar con algunos emprendimientos que no funcionaron en su momento, hasta que un día decidí empezar a ayudar a mi papá en la finca”, recordó Mac Donnell.
Esa experiencia marcó un punto de inflexión para Milagros. Le encantó volver a la finca con más frecuencia, rodearse de la naturaleza y reconectarse con la vida de campo en Mendoza. Sin embargo, era consciente de que la actividad agrícola puede ser muy dura: el riesgo del granizo o de perder una cosecha entera siempre está presente. Aun con ese temor, decidió intentarlo.
A fines de 2023, mientras acompañaba la cosecha de uvas y olivos, Milagros empezó a pensar en hacer algo propio. Fue su padre quien la motivó a mirar hacia un cultivo poco explorado en la zona: el pistacho. “Mi papá había escuchado que algunos viveros estaban vendiendo plantas de pistacho. Me dijo: ‘¿Por qué no averiguás?’. Y ahí empecé a investigar, a leer papers de Estados Unidos y Europa, a entender cómo era el cultivo”, aseguró la emprendedora.
Al principio dudó: el pistacho tarda entre siete y diez años en dar frutos. “Me daba miedo invertir tanto tiempo sin saber si me iba a quedar en el país o si iba a funcionar. Pero sin que nadie me presionara, me picó el bichito y dije: ´quiero plantar´.”
Con sus ahorros compró las primeras plantas y comenzó a sembrar en Finca La Cristina. “Al principio planté unas 150 plantas, lo que podía en ese momento. Hoy ya tengo entre 400 y 450, y cada año voy sumando un poco más, a medida que puedo”, expresó la mendocina.
Poco después, el boom del “chocolate Dubái” impulsó el interés por el pistacho en Argentina. Milagros recordó que su proyecto comenzó justo en ese momento de auge, aunque aclaró que su intención nunca fue sumarse a una tendencia pasajera, sino construir algo con bases sólidas y perdurables.
Así nació Nushka, una marca que refleja el espíritu de trabajo familiar y la búsqueda de calidad. “Somos una finca chica, de 10 hectáreas, pero todo lo que hacemos lo hacemos nosotros. Hasta los pozos de los pistachos los hice yo con la gente de la finca”, recordó la emprendedora.
Su objetivo, explicó, no es producir grandes volúmenes, sino generar un vínculo con los consumidores a partir de un producto confiable y bien hecho. “No queremos vender kilos y kilos. Queremos dar un buen servicio y un buen producto, con dedicación y coherencia.”
Nushka: un nombre con raíz y sentido
El nombre del emprendimiento fue creado especialmente para representar la esencia del proyecto. “Nushka nace de una construcción simbólica. ‘Nush’ representa la tierra, el origen, la raíz de todo; y ‘ka’ aporta una idea de amor, cuidado y conexión, dándole un tono cercano y afectivo”, explicó Milagros.
En conjunto, el nombre simboliza amor por la tierra, una idea que resume la identidad de la marca: productos que nacen del trabajo familiar, del campo y del respeto por el origen. Mac Donnell explicó que ese es justamente el espíritu que busca transmitir con Nushka: que cada pistacho refleje el esfuerzo, el compromiso y la dedicación detrás de todo el proceso.
De Mendoza al país: una red de clientes que crece
El alcance comercial de Nushka ya atraviesa gran parte de la Argentina. “Vendemos de forma mayorista en Mendoza, sobre todo a heladerías, pastelerías y pasteleros privados. También tenemos muchos clientes en Buenos Aires, y de forma minorista llegamos a todo el país”, destacó Milagros.
La empresa no cuenta aún con una tienda física, pero sí con un sistema de venta online. “Por ahora funcionamos con una tienda virtual: los pedidos entran por WhatsApp y los enviamos a través de Andreani, que nos ha dado un servicio excelente”, aseguró la emprendedora.
Desde ese esquema de comercialización, Nushka ya ha despachado productos a provincias como Neuquén, Chubut, La Rioja, Córdoba y Buenos Aires, además de recibir consultas desde Bolivia, Chile y Uruguay. “Nos preguntaron si exportamos, lo cual es un orgullo enorme. Pero por ahora queremos afianzarnos en el mercado nacional, posicionarnos fuerte en Argentina antes de pensar en el exterior”, afirmó la mendocina.
Los subproductos del pistacho
En su catálogo actual, Nushka ofrece distintas variedades de pistachos adaptadas a cada tipo de consumidor. “Vendemos pistacho pelado natural, que usan mucho en pastelería y gastronomía; pistacho salado; y pistacho natural con cáscara, que es el más elegido por quienes lo consumen en casa”, explicó Mac Donnell.
La diferencia de precios entre las distintas variedades se debe principalmente a la merma que genera el pelado del fruto. Milagros indicó que el pistacho pelado tiene un costo más alto porque al quitarle la cáscara se pierde volumen, mientras que el que conserva su cáscara resulta más accesible y suele elegirse para el consumo doméstico. En cambio, el pelado natural es el preferido por el sector gastronómico, que busca practicidad.
Mirando hacia adelante, la joven emprendedora proyecta ampliar la línea. “Nos han pedido bastante pistacho salado sin cáscara, y también evaluamos sumar una pasta de pistacho. Pero hacerla 100% pura tiene un costo altísimo”, expresó la licenciada en Administración de Empresas.
El pistacho en Mendoza: un cultivo con potencial y desafíos
Para Milagros, Mendoza ofrece condiciones muy favorables para el cultivo del pistacho, aunque todo depende de la ubicación. “La provincia me parece un muy buen lugar para plantar pistacho, pero no cualquier zona sirve. Por ejemplo, en Valle de Uco hace demasiado frío.”
El pistacho, explicó Mac Donnell, necesita un equilibrio térmico: ni temperaturas extremas ni heladas prolongadas. En ese sentido, la finca familiar —ubicada en Maipú— se encuentra en una zona con clima benigno y cierta protección urbana. “No estamos cerca de la cordillera, entonces no llegamos a temperaturas muy bajas, y tampoco sufrimos tanto el calor. Además tenemos árboles que dan sombra y contamos con riego por pozo, lo que nos permite manejar mejor el agua según el clima”, admitió la joven.
Esa flexibilidad constituye una de las principales ventajas de la producción. En Nushka cuentan con riego por pozo, lo que les permite realizar aplicaciones adicionales de agua en los períodos de mayor calor y no depender de los turnos de riego, una práctica común en otras fincas de la provincia.
Según Milagros, la producción de pistacho está creciendo en distintas zonas de Mendoza. “He visto que en La Valle, Maipú y San Martín se está dando mucho. En cambio, hay zonas como Tres Porteñas donde las tormentas y el granizo complican bastante.”
Aun así, el riesgo climático es parte del paisaje mendocino. “Acá el granizo puede caer en cualquier momento. Le rezás a Dios y a todos los santos para que no te toque. Pero la finca tiene un microclima muy favorable: a veces llueve en ciudad y acá no cae una gota, o hay heladas en Valle de Uco y en Maipú no pasa nada. Eso nos ayuda muchísimo.”
Aprender del pistacho en el mundo
Mientras impulsa su propio proyecto en Mendoza, Milagros también observa lo que ocurre con el pistacho a nivel internacional. “California es el lugar donde mejor se da el pistacho, y también hay producciones muy importantes en Europa”, admitió la joven.
Aunque no se enfocó tanto en la parte técnica, sí le llamó la atención el nivel de desarrollo que existe en esos países. “Lo que más me sorprende es la maquinaria que usan. Es impresionante cómo han logrado automatizar los procesos.”
Además de investigar por su cuenta, Mac Donnell suele apoyarse en amigos que viajan al exterior para conocer de primera mano cómo se percibe el pistacho en otros mercados. “Siempre les pido que me cuenten qué ven, cómo se vende, cómo se consume el pistacho.”
De esas observaciones surgen contrastes interesantes. “En Estados Unidos es una locura: vas al supermercado y hay veinte marcas distintas, con pistachos saborizados con wasabi, con picante, con miel o con nuez. Eso me encanta, porque muestra que se puede innovar sin perder calidad. Me encantaría que acá pase lo mismo, que el pistacho sea un snack accesible, natural y bien hecho”, comentó la emprendedora.
En Europa, en cambio, el enfoque es diferente: el pistacho se utiliza en una amplia variedad de productos, aunque más como elemento decorativo o detalle gourmet debido a su alto costo. “Por ejemplo, en un cheesecake lo ves arriba, en trocitos, no tanto como ingrediente principal”, indicó Mac Donnell.
Esa diferencia cultural la inspira a pensar cómo podría evolucionar el consumo en Argentina. “Hoy el pistacho está muy de moda, pero las tendencias cambian. Tal vez mañana sea el turno de la frutilla o de otra cosa. Sin embargo, creo que el pistacho va a quedar como un fruto seco valorado, presente en muchos productos y con identidad propia, como las nueces o las almendras”, explicó la mendocina.
Paciencia, trabajo y amor por lo que se hace
Milagros tiene claro cuáles son las claves para sostener un emprendimiento ligado al agro. “En el campo hay que tener mucha paciencia y otro ingreso paralelo, sobre todo cuando se trabaja con cultivos como el pistacho, que puede tardar entre siete y diez años en dar frutos.”
Para ella, la constancia y la resiliencia son esenciales. “Tenés que estar preparado para levantarte después de un granizo o una pérdida total, porque puede pasar. Hay que tener mucha resiliencia y no bajar los brazos nunca”, admitió.
Más allá de las dificultades, encuentra en el trabajo diario una enorme gratificación. “Es hermoso ir y ver cómo algo nace. Plantar una semillita y, con el tiempo, verla crecer hasta convertirse en una planta entera. Eso te llena de orgullo.”
Esa conexión con el crecimiento y los procesos naturales también la lleva a reflexionar sobre los tiempos del campo y la necesidad de adaptarse. “Hay que entender que no controlás todo. El campo te enseña a ceder, a aceptar, y también a trabajar todos los días. Las plantas son seres vivos: hay que estar, mirarlas, ver si necesitan agua, nutrientes o fertilizantes. No es dejarlas y esperar; es acompañarlas.”
Sueños que crecen con Nushka
Con la misma claridad con la que habla de la tierra, Milagros proyecta el futuro de su marca. “Me encantaría que Nushka se convierta en una empresa más establecida. Hoy seguimos siendo una pyme, pero sueño con tener un equipo completo, con un área de marketing, con gente a cargo, con todo lo que implica una empresa.”
Entre sus metas, Mac Donnell admitió que le encantaría poder trabajar con empresas de chocolatería como Rapanui o Mamuschka, y que los pistachos de Nushka formen parte de sus productos. Ese deseo de crecimiento también se refleja en su sueño más grande: lograr que la marca trascienda fronteras y llegue a todos los hogares. Su anhelo, explicó, es que Nushka pueda verse en supermercados, dietéticas y casas de todo el país —e incluso del mundo— como un producto nacional, elaborado con dedicación y mucho amor.
Agrofy News / Agustina Azcoaga
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