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Miguel Soto: Con la inversión de los propios campesinos se está recuperando la producción del café

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Miguel Soto: Con la inversión de los propios campesinos se está recuperando la producción del café

Especial.- Desde los años noventa se ha venido observando la caída de la producción cafetalera en Venezuela porque se trata de un rubro que, como otros, no tiene definida una política del Estado; pero, en el curso de los últimos tres años se ha podido observar que se está registrando una recuperación del cultivo, gracias al esfuerzo de los propios campesinos, pero éstos, infructuosamente,  no han podido lograr los precios atractivos para producirlo en mayores cantidades y, desde luego, hacerlo tan competitivo como el grano colombiano o brasileño, los cuales  tienen gran demanda en los consumidores de los países del Medio Oriente.

 

Esta es la apreciación del doctor Miguel Soto, ingeniero agrónomo, profesional del Derecho y docente universitario, quien ha venido asesorando a los caficultores no sólo en el cultivo sino en los objetivos que se han trazado para mejorar sus condiciones de vida.

Conviene indicar que antes de interesarse por el Derecho, el doctor Soto fue funcionario en Trujillo y Barinas del Fondo Nacional del Café organismo ya desaparecido que como otros del sector público, en especial Bandagro, facilitaba créditos a los agrotécnico para su incorporación a las actividades agropecuarias. Nuestro entrevistado adquirió unas tierras en Río Claro, que las dedicó al cultivo del café y cuando ya había alcanzado buenos logros en la producción, el entonces presidente de la República, Hugo Chávez, sin planificación alguna y sin medir las consecuencias para la economía nacional, procedió a las expropiaciones en el 2009.

Como a mi también me iban a expropiar, refiere, y al respecto fui informado por unos amigos que yo tenía en los consejos comunales, quienes me dijeron que ya a la propiedad le habían puesto la vista los funcionarios del gobierno y sólo se esperaba la aparición de la Guardia Nacional para tomar posesión de la misma, no lo pensé dos veces y, entonces,  procedí a venderla, prácticamente, regalada;  y decidí estudiar Derecho y especializarme, porque sabía que con el paso de los años no podía aventurarme a seguir una actividad en el campo. Ahora estoy asesorando a los caficultores.

Para el doctor Soto, producir café no es fácil, porque es un cultivo que amerita paciencia del agricultor y que no ha sido justamente valorado en los últimos treinta años, afirma. Los misioneros españoles sembraron las primeras semillas en la cuenca del río Orinoco hace 295 años, pero el cultivo comenzó a  extenderse, desde Caracas, hace más de 240 años y, como lo cuenta la historia, se convirtió en el primer producto de exportación antes que fuera sustituido por el petróleo.

Una vez que se siembra la semilla, hay que esperar dos años para que se obtengan los primeros granos y la planta después puede mantenerse produciendo por ocho y hasta diez años, por supuesto, manteniendo los cuidados para evitar que sea dañada por las plagas, en particular la Roya y la broca . Los venezolanos estamos acostumbrados a sembrar el cafeto junto a otras plantas que le proporcionen sombra, como el guamo, y con cultivos de cambur, quinchoncho y hasta nuez de macadamia como ocurrió en la finca experimental que tenía la Fundación para el Desarrollo de la Región Centroccidental (Fudeco) en Villanueva. El agricultor, muchas veces lo hace con doble propósito porque no sólo produce café, sino también por ejemplo cambur o quinchoncho. No ocurre así en Brasil, porque lo hacen como si fuera un frutal, aparte de eso que ellos no lo trabajan como nosotros, sino que lo hacen intensamente y, por supuesto, como las matas de cafeto están expuestas en forma permanente al sol requieren mucha atención.

Cuenta el doctor Soto que hasta los años noventa del siglo pasado podrían haber existido más de 100 mil hectáreas de cultivo de café; pero, de ese total el 60 por ciento eran de óptima calidad, un 20 por ciento regular y el restante, aceptable; pero, hoy no se puede saber cuánto territorio abarcan los cultivos en todo el país, porque, desde hace ya muchos años, no existen cifras oficiales.

Es de recordar que en Venezuela se estuvo sembrando el llamado café criollo, pero éste se perdía muy rápido  por su poca capacidad de adaptación y fue entonces cuando los productores  decidieron optar por las variedades Caturra y Catuaí, ambas de la familia arábiga. La primera es pequeña y la segunda de mayor tamaño con granos amarillos y rojos.

Nosotros, prosigue, estamos utilizando esas variedades que se estaban desarrollando tanto en la estación experimental de Bramón, en el estado Táchira, como en la de El Laurel, de la Universidad Central de Venezuela, en el estado Miranda. Pero, las investigaciones dejaron de hacerse hace varios años por falta presupuestaria y hoy día se está trayendo la variedad Colombia, del vecino país; pero, ésta no ha sido investigada debidamente en Venezuela por la misma razón de que ya no hay investigación universitaria..

En cuanto a los precios, no hay uno sino diferentes como resultado de distintas circunstancias, porque incluso existe mucha especulación y en algunas zonas es objeto de canje en el medio rural.  En algunas bodegas de Sanare, para poner ejemplo de lo que sucede en Lara, el campesino lleva cierta cantidad de kilos de granos y recibe los productos que valga el canje. Un quintal, que son 46 kilos, puede valer 60 u 80 dólares, dependiendo de la calidad, el momento y las personas que están comercializando. Igualmente depende si es un café lavado o no lavado.

En este orden de ideas señala que un café lavado es que ha sido despulpado, lavado, secado y trillado. El que no es lavado no pasa por ese proceso, sino que se seca con toda pulpa, es natural.

En cuanto a la producción, oficialmente en enero de 2022 fue emitido un decreto sobre el café orgánico que se está produciendo y el cual se rige por una serie de requisitos, cuyos requisitos deben ser cumplidos estrictamente para poder ser certificados por el Instituto Nacional de Sanidad Agrícola Integral (Insai) con sede en Maracay.

Para producir café orgánico se prohíbe el uso de agroquímicos, contar con asesor técnico calificado y otros requisitos, para que el precio en el mercado sea alto. Hay una familia del estado Mérida que ha llegado a cobrar hasta 250 dólares por un kilo de café orgánico en los Emiratos Árabes, donde no sólo se toma en cuenta la certificación del Insai, sino la de su propio organismo oficial que, en definitiva,  determina la calidad del producto. Ese ejemplo es indicativo que el café venezolano tiene calidad y puede, en el futuro mediante políticas bien definidas, ser nuevamente un producto de exportación importante.

En relación con países vecinos que también producen café y en grandes cantidades, el doctor Soto manifiesta que en comparación con Colombia, el agricultor venezolano no está en las mismas condiciones porque aquí, en los estados caficultores como Lara, Portuguesa, Trujillo, Mérida, Táchira, Aragua, Barinas, Falcón Monagas, Sucre, Yaracuy y Zulia, son pocos los dueños de fincas y el cultivo del grano, tradicionalmente, es  de las familias, ya que no sólo participa el conuquero, sino también su mujer, sus hijos y hasta los abuelos; pero, inexplicablemente, el Estado no estimula la actividad agrícola, aunque hubo una vez que existían organismos encargados de promoverla.

Llegó el momento más incierto para los productores cuando Hugo Chávez impidió que los campesinos pudieran tener un precio aceptable, alegando que no podían subirlo porque de hacerlo afectarían a los consumidores.

En el vecino país, el Estado no tiene injerencia porque el café es una actividad privada, de la cual se ocupa, desde hace casi un siglo, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, mientras que del mejoramiento del cultivo y todo el proceso es competencia del Centro Nacional de Investigaciones del Café (Cenicafé). Y en Brasil se siembra el café como si fuera un frutal, como sembrar por ejemplo naranjas o limones, y lo trabajan intensamente.

Cuando se le pregunta el motivo por el cual los productores de café no se unen, como en Colombia, el doctor Soto comenta que aquí habrá unión en ese sentido cuando las condiciones políticas lo permitan, ya que en este momento hay unos partidarios del oficialismo y otros que no lo son, porque están politizados.

Para que haya una unidad tienen que pensar como productores, no como fichas políticas, adiciona. Los gremios se han acabado en su mayoría en Venezuela y los pocos que existen, actúan casi ocultamente porque, prácticamente, no se respeta el derecho de expresión.

Aunque oficialmente no se ve una política definida para hacer crecer las actividades agropecuarias, el doctor  es del criterio que el café es un rubro muy significativo para mejorar las condiciones de vida de los campesinos que se ocupan de ese rubro y lo están haciendo con esfuerzo propio, observándose que desde hace unos tres años se está recuperando la producción en los estados ya mencionados, especialmente Lara.

 

El Impulso / Pacífico Sánchez

 

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