Internacionales
La agricultura respetuosa con el medio ambiente es tan rentable como la convencional
España.- Ante las proclamas de algunos sectores del campo contra las políticas ambientales y la fauna salvaje, a menudo da la impresión de que producir alimentos y proteger el territorio son objetivos irreconciliables. Sin embargo, cada vez hay más evidencias de que una agricultura respetuosa con el medio ambiente no solo puede ser rentable, sino que puede competir con la convencional también en cuanto a productividad.
La mayoría de proyectos que se han desarrollado en España en los últimos años, además de haber crecido y haberse expandido cada vez a más hectáreas, presentan datos que confirman lo que al principio tan solo era una hipótesis: cuando se cuida el suelo, se retiene agua, se diversifica el paisaje y se integra la biodiversidad; la erosión del suelo se reduce y los rendimientos se estabilizan.
La agricultura regenerativa es capaz de producir la misma cantidad de alimentos que la tradicional y con un coste económico mejor.
Esta es una de las principales conclusiones de Regenera.cat, una experiencia de dos años que ha tratado de expandir la agricultura y viticultura regenerativa por toda Catalunya a través de casos prácticos y apoyándose en el conocimiento científico del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales).
El balance final constata que este modelo agrícola es capaz de producir la misma cantidad de alimentos de los que se obtienen mediante las prácticas habituales y con un coste económico menor. En concreto, se han comparado cultivos de calabacines, uva y peras regenerativos con cosechas convencionales.
En el proyecto han participado las fincas de frutales de Pomona Fruits, los campos de huerta de Verdcamp Fruits y los viñedos de Familia Torres
En el caso del calabacín, por ejemplo, se ha demostrado que el primer modelo ahorra un 30% respecto al segundo. Principalmente, la diferencia se debe al hecho de que no se usa maquinaria pesada ni pesticida ni fertilizantes químicos. Otras conclusiones a las que se ha llegado es que el suelo ha mejorado, en los casos prácticos aplicados en Catalunya, mientras que el carbono y el nitrógeno han aumentado.
Decisión pionera
En el proyecto han participado las fincas de frutales de Pomona Fruits, los campos de huerta de Verdcamp Fruits y los viñedos de Familia Torres. “En 2020, decidimos intentar fomentar la biodiversidad en nuestros campos”, recuerda Mireia Torres, directora de innovación de esta última empresa familiar.
En el caso del calabacín, el modelo regenerativo ahorra un 30% respecto al sistema mayoritario actual
“Incorporamos materia orgánica en el suelo, intercalamos plantas aromáticas y árboles entre los viñedos, reducimos el proceso de labrado y eliminamos pesticidas, a la vez que promovíamos la presencia de polinizadores”, detalla Torres. El objetivo era construir una especie de ciclo cerrado, recuperando prácticas olvidadas y dejando de ver a las aves y los matorrales como un obstáculo: “Es como una viticultura holística, porque al final lo que pretendemos es cuidar a los paisajes y a la tierra”.
Cambios lentos
Los primeros años fueron muy secos y la falta de lluvias complicaron la producción. No obstante, con el paso del tiempo, sí se empieza a percibir una tendencia positiva. “La humedad del suelo se incrementa y se fija más carbono, además el suelo queda retenido por las cubiertas vegetales de lo que antes eran ‘malas hierbas'”, sostiene Mauro Sirvent, jefe de viticultura de la Familia Torres.
“Son cambios que se producen lentamente, pero que demuestran que, pese a haber temporadas complicadas que requieren presencia y mucho conocimiento del suelo con el que se trabaja, la agricultura regenerativa puede ser viable económicamente”, afirma Torres.
“Se pueden ir incorporando medidas progresivas e ir adaptando los procesos, pero los que vengan en el futuro tendrán la ventaja de contar con la experiencia que nosotros hemos ido acumulando”, asegura Sirvent. A día de hoy, el 60% de las parcelas de la Familia Torres trabajan con prácticas regenerativas y la asociación Agricultura Regenerativa Ibérica ya cuenta con 112 socios. “El modelo está creciendo porque busca que los viñedos sean más resilientes; es como un enfermo de gripe que dispone de más defensas naturales y pasa mejor el virus”, subraya Torres.
Desplome de la biodiversidad
“Al fin y al cabo, la agricultura, para bien y para mal, siempre ha dependido de los servicios que presta la naturaleza”, resume José Eugenio Gutiérrez. Gutiérrez es el responsable de Olivares Vivos, una iniciativa que arrancó hace más de 10 años, promovida por SEO Birdlife, para frenar el desplome de biodiversidad que se registraba en los cultivos de olivo.
Avistar alzacolas rojizos, alcaravanes y perdices en los alrededores de los olivares se había convertido en una rareza por culpa de la “fiebre olivarera”. “El campo se intensificó y se premiaba más la productividad que la calidad”, recuerda Gutiérrez. “Los fitosanitarios se usaban sin reparos y si había un arroyo con vegetación que supuestamente molestaba, se eliminaba”, añade. Los olivos se transformaron como macetas desconectadas del ecosistema, que había sido arrasado.
Ante este escenario, crearon un modelo de agricultura que recuperaba la biodiversidad sin olvidar que la prioridad era la rentabilidad. “Muchos agricultores admitían que lo que se estaba haciendo no era normal y que convenía recuperar el suelo y la cubierta vegetal”, precisa el responsable del proyecto. “En general, Olivares Vivos tuvo muy buena acogida y fue interpretado como una oportunidad porque se garantizaba la producción pero siendo más respetuoso con el entorno”, cuenta.
La hoja de ruta que se trazó entonces está casi completada: los datos científicos confirman que la biodiversidad ha mejorado y que los olivares son competitivos. En estos momentos, ya hay 4.000 hectáreas sumadas al proyecto, que también se ha extendido por Portugal, Grecia e Italia y que se desarrolla también bajo el nombre de Secanos Vivos, ampliándose a otros cultivos.<
Enfado del campo
Desde el sindicato Unió de Pagesos, no ven con malos ojos este tipo de prácticas. De hecho, han participado activamente en Regenera.cat. Pero advierten de que no es viable generalizarlas en todo el territorio. Además, las protestas de los últimos meses del campo en contra de los daños provocados por la fauna salvaje no parecen contribuir a modelos que tratan de reconciliar el medio natural con la agricultura.
“El campo está complicado, sí, pero el campo es mucho más que el ruido que nos llega: hay mucha gente que trabaja en los cultivos con otra perspectiva y que no va en la línea de los que quieren destruir la naturaleza”, considera Gutiérrez. “Como siempre, se escucha a los que más levantan la voz, pero no son los únicos”, opina. “La agricultura del futuro depende más de mirar a la tierra y a la naturaleza que a los fitosanitarios; si no, estamos muertos”, reflexiona.
Forma parte de nuestro canal en Telegram y mantente informado del acontecer Agropecuario de Venezuela y Latinoamérica en: Visión Agropecuaria



