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Agricultura

En honor a Don Alejo Hernández Acosta (el Tornillo)

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En honor a Don Alejo Hernández Acosta (el Tornillo)

Lara y Portuguesa se unen  para despedir a Don Alejo Hernández Acosta, un hombre cuya vida simboliza el esfuerzo honesto, la visión productiva y el amor profundo por Venezuela. Nacido en La Palma, Islas Canarias, llegó con apenas 15 años al país que lo adoptó como suyo y donde forjó una historia ejemplar. Con el tiempo, Barquisimeto se convirtió en el epicentro de su legado, un lugar donde su nombre quedó ligado al progreso y la transformación del campo venezolano.

 

En el valle de Quíbor, Hernández levantó uno de los proyectos agroindustriales más emblemáticos del país: la Organización El Tunal. Bajo su liderazgo, esta empresa se consolidó como referente nacional, generando empleo, desarrollo y oportunidades para miles de familias. Su visión integral del campo abarcó la agricultura, la ganadería y la industria, convirtiéndose en motor de crecimiento para la región y en ejemplo de cómo la productividad puede ser sinónimo de bienestar colectivo.

Su lema, “sin agricultura no hay país”, fue guía de una trayectoria marcada por la innovación y el compromiso. Promovió el uso eficiente del agua, el mejoramiento de los suelos y la diversificación productiva, logrando que alimentos con sello larense llegaran a millones de mesas venezolanas. Reconocimientos como el Doctorado Honoris Causa de la UCLA, la Encomienda de Isabel la Católica otorgada por el Rey Felipe VI y condecoraciones internacionales ratificaron la magnitud de su aporte.

Más allá de los logros empresariales, Alejo Hernández fue un hombre profundamente humano. Cercano, sencillo y generoso, creía en el trabajo como herramienta de dignidad y progreso. Su apodo, “el Tornillo”, reflejaba su carácter minucioso y su capacidad de estar siempre pendiente de cada detalle. Junto a su esposa Jacqueline y sus hijos Amalia, Alejo y Jesús, construyó una familia sólida, guiada por valores firmes y el ejemplo cotidiano.

Portuguesa y Lara despide a un canario que se hizo venezolano de corazón. Su legado permanece vivo en la tierra que cultivó, en las empresas que edificó y en los valores que sembró con coherencia y amor por el país. Don Alejo Hernández deja tras de sí una huella imborrable en el comercio y la agroindustria nacional, recordándonos que la grandeza de un hombre se mide en el impacto que deja en su gente y en su tierra. Gracias por su vida Don Alejo.

 

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