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De Matatere para el mundo. Y del mundo, de regreso a Saroche

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De Matatere para el mundo. Y del mundo, de regreso a Saroche

Lara.- Antes de convertirse en una de las empresas licoreras más importantes de Venezuela controlada por venezolanos, Destilerías Unidas S.A. —DUSA— fue una visión familiar nacida lejos de los grandes centros industriales del país. Su origen no está en una oficina corporativa ni en una estrategia financiera internacional, sino en el semidesierto larense, entre cardones, caminos de tierra y hornos enterrados bajo el sol de Matatere.

 

Pero esta no es solamente la historia de una empresa. Es la historia de un regreso.

 

Pero esta no es solamente la historia de una empresa. Es la historia de un regreso.

Pero esta no es solamente la historia de una empresa. Es la historia de un regreso.

El agave y la resistencia

En las zonas áridas de Siquisique, Aguada Grande y Matatere, el cocuy no era simplemente una bebida. Era parte de la identidad del pueblo larense. Estaba presente en las celebraciones populares, en los velorios de cruz, en el tamunangue y en la vida cotidiana de los campesinos que aprendieron, generación tras generación, a trabajar el agave bajo condiciones extremas.

Mucho antes de que existieran registros industriales o marcas reconocidas, los pueblos originarios —especialmente los Ayamanes— descubrieron que aquella planta dura y espinosa guardaba un valor extraordinario. Aprendieron a cocer lentamente las cabezas del agave bajo tierra, utilizando piedra y fuego, desarrollando un conocimiento ancestral que sobrevivió durante siglos.

 

Pero durante gran parte de su historia, el cocuy fue perseguido.

Los productores trabajaban casi en secreto. Los alambiques se escondían entre quebradas y montes secos. Muchas veces se destilaba de noche para evitar confiscaciones y persecuciones. Sin embargo, el cocuy sobrevivió porque formaba parte del alma del pueblo larense.

Nace en 1942 Cocuy Leal, probablemente la primera gran marca formal de cocuy venezolano.

Nace en 1942 Cocuy Leal, probablemente la primera gran marca formal de cocuy venezolano.

La familia, el fuego y el maestro

Dentro de ese contexto aparece la historia de la familia Ballesteros.

Desde principios del siglo XX, la familia producía cocuy en la zona de Matatere. Allí surge la figura legendaria de Don Juancho Nieto, considerado uno de los grandes maestros cocuyeros de la región. Conocía los tiempos exactos del horno, el punto preciso de fermentación y el comportamiento del fuego. En aquellos años no existían manuales ni laboratorios: el conocimiento se transmitía observando, oliendo y esperando. Don Juancho conocía además el territorio como pocos: sus siembras de agave se extendían por las tierras xerófilas que hoy conforman el Parque Nacional Saroche, el ecosistema semiárido más grande de Venezuela, tendido entre Barquisimeto y Carora como una piel áspera y generosa al mismo tiempo.

Tras su muerte temprana, la tradición quedó en manos de Nicolasa Nieto, quien mantuvo viva la producción familiar en tiempos difíciles. Más adelante, esa herencia pasó a Luz Ballesteros de Leal y posteriormente a Ramón Rodulfo Leal, quien entendió que el cocuy necesitaba algo más que tradición: necesitaba identidad comercial.

Así nace en 1942 Cocuy Leal, probablemente la primera gran marca formal de cocuy venezolano.

Aquello representó un cambio histórico. El cocuy comenzaba a salir de la clandestinidad para ocupar un lugar legítimo dentro de la cultura venezolana. El paso del alambique escondido a la empresa familiar organizada marcó el inicio de una nueva etapa.

El puente entre dos mundos

Décadas después, esa herencia artesanal encontraría una nueva dimensión industrial bajo la visión de José Rafael Ballesteros.

A finales de los años ochenta, mientras Barquisimeto crecía aceleradamente y las dinámicas industriales comenzaban a cambiar, la familia comprende que debía evolucionar sin perder sus raíces. La respuesta fue la creación de Destilería San Andrés C.A. (DESACA) en 1992, concebida inicialmente para producir alcoholes de caña y cocuy fuera del entorno urbano.

Pero DESACA representaba mucho más que una nueva planta industrial. Era el puente entre la tradición ancestral del cocuy y una visión moderna de producción.

La destilería fue construida cerca de Acarigua y allí aparece otra figura fundamental: Rolando Díaz, técnico industrial formado dentro del mundo de Licorerías Unidas. Con una capacidad casi intuitiva para entender los procesos de destilación, Rolando se convirtió en una pieza clave del proyecto.

La relación entre José Rafael Ballesteros y Rolando Díaz se consolidó entre viajes, diseño de procesos y adquisición de equipos industriales. Uno aportaba visión empresarial y capacidad estratégica; el otro, conocimiento técnico y experiencia práctica. Juntos levantaron DESACA desde cero.

Lo que inicialmente parecía un proyecto regional terminaría transformándose en algo mucho mayor.

Lo que inicialmente parecía un proyecto regional terminaría transformándose en algo mucho mayor.

Lo que inicialmente parecía un proyecto regional terminaría transformándose en algo mucho mayor.

El momento decisivo

A finales de los años noventa surge una oportunidad inesperada: Licorerías Unidas necesitaba apoyo externo para incrementar producción debido a limitaciones operativas y ambientales. Poco tiempo después, Diageo toma control de la compañía y decide vender sus instalaciones para concentrarse únicamente en la comercialización de marcas.

Allí comienza el verdadero origen de DUSA.

José Rafael Ballesteros inicia entonces un complejo proceso para reunir inversionistas, aliados estratégicos y respaldo financiero. Sin embargo, el verdadero valor del grupo no era únicamente económico. Era una combinación poco común de experiencia industrial, arraigo regional y cultura empresarial construida desde generaciones vinculadas al mundo de la destilación.

Las negociaciones fueron extensas y altamente exigentes. Participaron ejecutivos internacionales, asesores técnicos y empresarios venezolanos. Del lado venezolano, figuras como José Eugenio Ballesteros, Héctor Vega y Gloria Ballesteros desempeñaron un papel fundamental en la estructuración del proyecto.

Pero había un obstáculo que parecía insalvable: cuando el grupo Ballesteros intentó sumarse al proceso, las ofertas ya estaban cerradas y los demás competidores eran grupos de mayor envergadura económica. Fue en ese momento crítico cuando apareció una figura decisiva: Humberto Arispe Zubillaga, gerente general de la planta LUSA mientras era propiedad de Diageo. Con su respaldo y la confianza ganada dentro de la corporación internacional, Arispe presentó al grupo ante Diageo y logró abrirles la puerta en el momento en que todo parecía perdido.

La jugada tuvo un efecto inesperado. Diageo no solo aceptó su incorporación a última hora, sino que, al concretarse la adquisición, el propio grupo solicitó permiso para invitar a Arispe como socio de la nueva empresa. Diageo accedió complacido: para ellos, su presencia era garantía de que todos los compromisos adquiridos se cumplirían. Desde entonces, Humberto Arispe Zubillaga no se ha separado de DUSA. Más de dos décadas después, sigue ejerciendo como Gerente General de la compañía, pieza fundamental en el desarrollo de toda la corporación.

En agosto de 2002, cuatro marcas son incorporadas inesperadamente a la operación: Chemineaud, Manager’s, Cinco Estrellas y un pequeño ron premium llamado Diplomático, que en ese momento apenas vendía alrededor de cinco mil cajas anuales.

Muchos veían aquellas marcas como activos secundarios. José Rafael Ballesteros vio algo distinto: la posibilidad de construir una compañía propia con visión internacional.

Así nace oficialmente Destilerías Unidas S.A. —DUSA— el 23 de agosto de 2002.

Y el 13 de noviembre de ese mismo año, coincidiendo con el cumpleaños número 45 de José Rafael Ballesteros, se concreta la adquisición de Licorerías Unidas.

El simbolismo era enorme. Una empresa nacida de la tradición cocuyera del semiárido larense, heredera de alambiques perseguidos y conocimientos transmitidos por generaciones, tomaba el control de una de las infraestructuras licoreras más importantes de Venezuela.

Diplomático: de cinco mil cajas al mundo

Lo que nadie imaginaba entonces era la dimensión que alcanzaría aquel pequeño ron premium. Bajo la conducción de DUSA, Diplomático creció hasta convertirse en la marca de ron venezolano más reconocida internacionalmente, presente en los mercados más exigentes de Europa, América y Asia. De cinco mil cajas anuales a cifras que lo posicionaron entre los rones premium más respetados del mundo.

Fue una historia de construcción lenta, meticulosa y sostenida. Una demostración de que el conocimiento destilador acumulado durante generaciones podía proyectarse con ambición global sin perder autenticidad.

Hace tres años, ese ciclo cerró con la venta de Diplomático al grupo transnacional Brown-Forman, uno de los conglomerados licoreros más poderosos del planeta. Una operación que reconocía, en términos inequívocos, el valor de lo que la familia Ballesteros y su equipo habían construido desde Venezuela.

El regreso a las raíces

Pero mucho antes de que ese ciclo cerrara, José Rafael Ballesteros ya había tomado una decisión que hablaba más de identidad que de negocios.

En 2010, en pleno auge de DUSA y con Diplomático creciendo en los mercados internacionales, nació la idea de Cocuy Saroche. No como una necesidad comercial ni como una estrategia de diversificación. Sino como un homenaje. Como el regreso consciente y voluntario de un hombre exitoso al origen de todo.

La idea tardó cinco años en convertirse en siembra. En 2015 comenzaron a plantar agave en la Hacienda Santa Rosalía, finca familiar ubicada en Usera, sobre la vía Lara-Falcón, en pleno corazón del ecosistema xerófilo que da nombre al proyecto. A razón de diez hectáreas anuales, con la paciencia que exige el agave y que no admite atajos.

Hoy, la Hacienda Santa Rosalía cuenta con más de cien hectáreas sembradas. Un proyecto de largo aliento, construido con el mismo rigor con el que se construyó DUSA, pero con una motivación diferente: no conquistar mercados nuevos, sino honrar los propios orígenes.

El nombre lo dice todo. Saroche es el Parque Nacional xerófilo más grande de Venezuela, extendido entre Barquisimeto y Carora, sobre ese mismo territorio árido y generoso donde Don Juancho Nieto cultivaba su agave hace más de un siglo. Nombrar así al cocuy no es un gesto de marketing. Es un acto de memoria.

Saroche es el Parque Nacional xerófilo más grande de Venezuela

Saroche es el Parque Nacional xerófilo más grande de Venezuela

De Matatere para el mundo. Y del mundo, de regreso a Saroche.

Allí terminan encontrándose todas las historias: la del cocuy perseguido, la de Don Juancho y su horno bajo tierra, la de Cocuy Leal y su atrevimiento comercial, la de DESACA como puente entre dos épocas, la de DUSA como demostración de que Venezuela podía producir licores de clase mundial, y la de Diplomático como prueba de que una marca nacida en el semiárido larense podía llegar a las copas más exigentes del planeta.

Y al final de ese recorrido extraordinario, José Rafael Ballesteros vuelve al agave.

Con el conocimiento, la infraestructura y la experiencia de todo lo construido. Pero también con algo que ninguna corporación transnacional puede comprar: la memoria de un fuego enterrado bajo las pencas, transmitida de generación en generación desde Matatere hasta hoy.

Eso es Cocuy Saroche. No el comienzo de la historia. Su culminación más honesta.

 

El Informador / Chepita Gómez

 

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