¡Sin pruebas ni vacunas! / Pedro Piñate

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“​De boca de unos pocos altos funcionarios ajenos al ramo de la salud y de ninguna credibilidad en la materia, los reportes de la pandemia nada aportan excepto dudas de su veracidad”​

Que desgracia la de Venezuela y los venezolanos dejados a nuestra propia suerte también frente a la pandemia de COVID-19. Después de saquear la Hacienda pública, el dinero de los impuestos y de todos los créditos recibidos, quebrar a PDVSA hasta no producir ni el combustible que demanda el país, no hay dinero público disponible para pruebas ni vacunas de COVID-19. Solo los jerarcas y enchufados disponen su debido diagnóstico y protección vacunal, siendo el panorama aterrador pues se pretende que la empresa privada importe y pague la vacuna de su personal, pero nada se dice de los empleados públicos, y menos de los desempleados los más. Así las noticias comentan quedaría pospuesta para finales de 2023 la vacunación masiva anti COVID-19, pero sin saberse a cuantos o que porcentaje de población alcanzaría.

Debido a la negación del diagnóstico y vacunación masiva de la población, toda la estrategia oficial sanitaria frente a COVID-19 es una farsa, mantenida mediante la desinformación epidemiológica. De boca de unos pocos altos funcionarios ajenos al ramo de la salud y de ninguna credibilidad en la materia, los reportes de la pandemia nada aportan excepto dudas de su veracidad. Para completar, las cuarentenas “radicales” a capricho, una semana si y otra no, además del incumplimiento masivo del distanciamiento social en lugares públicos de alta concentración de personas como mercados, o el transporte urbano o interurbano, desdicen de la efectividad de tales medidas.

Siendo en estas circunstancias muy elevado en Venezuela el riego de contagio y enfermedad de COVID-19, el de muerte debe saberse es todavía más alto sujeto a las posibilidades económicas de los pacientes. Aquellos sin recursos y sin seguro médico en dólares que son la mayoría, atendidos en los hospitales públicos sin capacidades realmente efectivas para el tratamiento y recuperación de COVID-19, están a “la buena del Estado”. Mientras los asegurados en dólares o con dólares por montón en mano, pueden costear su atención médica en clínicas privadas bien dotadas.

Como sea que el drama de la pandemia no se ve en su magnitud pero se sufre, en el país se sabe de familiares, amigos, conocidos y desconocidos afectados y fallecidos por COVID-19, aunque la casuística real se mantenga manipulada. El uso de la pandemia para ventaja política es demasiado obvio. Inmovilizando a la población se desactiva sus protestas que entre múltiples motivos, incluye el mal manejo de la pandemia de COVID-19, ante la cual el desgobierno a la mayoría de venezolanos nos ha dejado sin pruebas, ni vacunas ni atención debida hospitalaria elevando el riesgo de contagio y muerte por el coronavirus. Riesgo además agravado por la situación de hambre y pobreza que sufre la población.

Pedro Piñate

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