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Rodrigo Agudo: “Oyes al ministro de Agricultura y no sabemos en qué país está viviendo”

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Este “es un gobierno que, en términos comunicacionales, no reconoce la crisis. Cuando los oyes hablar es como si estuviéramos en Alicia en el País de las Maravillas: que nosotros tenemos una economía boyante, que nosotros estamos creciendo. Oyes al ministro de Agricultura y no sabemos en qué país está viviendo, en qué Disneylandia él vive”, afirma Rodrigo Agudo, de la Red Agroalimentaria de Venezuela

Una cara de la crisis es la de lo que se produce: poco para un país empequeñecido. Otra cara es lo que se consume y cómo se consume. “Estamos regresando al siglo XIX, al siglo XVIII, cuando la comida se preparaba con leña, porque no hay electricidad pero tampoco hay gas”. Rodrigo Agudo, experto en materia agroalimentaria, contrasta estos números con lo que dicen los voceros oficiales y llega a una conclusión: viven en Disneylandia.

Venezuela vive la crisis de un país en guerra, sin guerra debido a la equivocación “de un equipo de gobierno orientado por una ideología que lo que ha hecho es lograr el mayor récord Guinness de la historia: quebrar un país petrolero”, opina Agudo en entrevista con contrapunto.com

En la etapa final “del proceso inconcebible de deterioro progresivo y creciente de la situación socio-económica”, después de 19 años del Estado como agente central, ahora el Estado es “totalmente incompetente” y en los últimos cuatro o cinco meses “hay un cambio de 180 grados en la orientación económica” y el gobierno está favoreciendo “el libertinaje de los precios”. ¿Por qué? Porque el país “vive una crisis profunda de abastecimiento”, y la disponibilidad de alimentos no garantiza 2.200 calorías diarias para más de 15% o 20% de la población. “La paradoja es que esa oferta limitada está en unos niveles de precios no asequibles para 90% de la población”.

Hay alimentos en los anaqueles “pero a unos precios que ni siquiera un 10% de la población lo puede comprar”, señala.

“Tenemos un país desabastecido pero con presencia en los anaqueles; pareciera un contrasentido. Hoy no más de 8% a 10% de la población tiene los recursos para comprar los alimentos básicos que necesita. 90% está totalmente fuera de la asequibilidad”.

Si le pone fecha al agravamiento de la crisis, coloca un año: 2015. “Hubo desabastecimiento, no conseguíamos los productos en las distintas presentaciones y formatos”. En 2016 “hubo escasez”, en 2017 “hubo hambre porque ya empezaron las familias a comer dos veces”. En 2018 “empezó a haber desnutrición” y a partir de 2019 “estamos viviendo caos”. En los últimos cuatro meses “el gobierno ha dejado los controles de precios, todo el mundo puede vender al precio que quiera”.

-¿Necesitaríamos volver al control de precios o hay que dejar el libertinaje de precios?

-La situación es tal que “ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario”. Ni el control de precios ni el libertinaje es la solución. Hoy el Estado venezolano no tiene capacidad para resolver el problema.

Una nueva economía, a su juicio, necesita un decidido apoyo internacional. La solución a la crisis pasa “por tener una ayuda externa, y esa ayuda externa la han condicionado a un cambio político en términos de rescatar la democracia”.

-¿Entonces no hay opción al libertinaje de precios?

-El libertinaje de precios es la consecuencia de un control que nadie respetó. Los comercios formales han empezado a cerrar. ¿Qué es lo que ha venido pasando en el año 2020? Qué se ha desarrollado un mercado totalmente informal. Consigues los alimentos en las playas que hacen en los barrios, en las ferias, por debajo de cuerda, por Whatsapp. ¿Cómo controlas una sociedad si lo único que estás consiguiendo en términos de oferta es un 10% o 15%? Por eso el gobierno desistió. ¿Qué es lo que está pasando? Que los que tienen acceso a poder traer unos alimentos, lo hacen. Aquí ha salido un nuevo sistema de comercialización, los bodegones, donde consigues alimentos que la mayoría de ellos están violando todas las leyes de Venezuela, pero el gobierno lo permite. Son alimentos que no tienen registro sanitario, son establecimientos que no tienen permiso para venta de alimentos o no tienen permiso sanitario de la municipalidad, sino que son tiendas ad hoc, tiendas de oportunidad que lo que hacen es importar cualquier cosa. Ni siquiera alimentos básicos. Consigues chucherías, etc. Que no necesariamente obedecen a una oferta de necesidad. A esos alimentos está accediendo aquella persona que tiene excedente económico y que está buscando complementar con alimentos accesorios.

Además “es un gobierno que, en términos comunicacionales, no reconoce la crisis. Cuando los oyes hablar es como si estuviéramos en Alicia en el País de las Maravillas: que nosotros tenemos una economía boyante, que nosotros estamos creciendo. Oyes al ministro de Agricultura y no sabemos en qué país está viviendo, en qué Disneylandia él vive. Un ministro que ofreció el año pasado que íbamos a sembrar 3 millones de hectáreas, y no es que no se pueda” pero la realidad es otra. No se sembró más de un millón de hectáreas. “Y convence al presidente de que diga que el país está en la recuperación agrícola más fuerte, que tenemos exportaciones, que tenemos convenios con países para exportar productos donde no existen esos productos, o donde la oferta es profundamente limitada”. Ahí “es donde se empiezan a dar esas situaciones de surrealismo: un gobierno que habla de crecimiento, que habla de crecimiento y de exportaciones en un país donde el hambre es lo que está cundiendo”.

-¿Cuánto producimos de lo que comemos?

-El año pasado no se produjo más de 15% o 17%. No es que nosotros podamos producir el 100%, no. Nosotros podemos tener potencial para producir 65% a 70% de las necesidades de alimentación, y exportar parte de esos productos. Pero es que hoy no producimos más de 15%.

Agudo estima que la escasez de gasolina impacta “brutalmente” sobre el sector, y advierte que si el país solo produce 15% o 20% “de eso no va a llegar al consumidor más de 7% u 8%, porque en esta crisis en la que no hay alimentos, en la que la producción ha caído brutalmente, lo poco que estás produciendo no lo puedes sacar del campo”. Es el caso de la leche, que no hay cómo sacar porque no hay combustible. “Los lácteos necesitan movilización diaria”.

En este momento “no hay gasolina para poder sacar ese maíz, ese arroz que se está produciendo” en la temporada más importante de cosecha, subraya. Por si fuera poco, se añade la corrupción. “Para poder traer un camión de vegetales de Mérida para acá tienes que pasar por 24 alcabalas, y en cada alcabala tienes que ‘bajarte de la mula’, porque si no te ‘bajas de la mula’, no puedes circular. Esos son costos que vas añadiendo. Cuando esos productos llegan a los centros poblados tienen el doble y el triple del precio al que lo vendió el productor, pero solo por la corrupción que le añadieron”. En cambio, los productos importados “llegan casi al mismo valor” y “por debajo del costo de los precios nacionales”.

 -¿Qué tanto lo encarecen?

-Depende del producto, de la locación donde se venda ese producto. En las poblaciones cercanas a donde se produce el producto nacional es muchísimo más barato, o en aquellas poblaciones donde están las ventas de opción se vende más barato. Lo que sí es cierto es que hoy la canasta alimentaria tiene un valor que supera 20 o 30 veces el salario mínimo, lo cual te dice cuál es la situación de accesibilidad.

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