Recarbonización: qué es y cómo se logra

Recarbonización: qué es y cómo se logra

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Pestana: lograr recuperar el equilibrio natural del suelo, nuestra premisa

Buenos Aires, Argentina .- Recarbonización (al igual que AgTech o cultivos de servicio) es otro de los términos de la producción agropecuaria 4.0 que quienes estén en agronegocios no podrán soslayar. Este tema fue uno de los principales en distintas charlas que se dieron durante el comienzo de la segunda semana del XXVIII Congreso AAPRESID de La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid)que se está realizando de manera virtual con más de 9000 inscriptos y disertantes de todo el país y el mundo.

Las tendencias a usar puentes verdes o cultivos de servicio, si bien es aún una tecnología de procesos en despegue (alrededor del 10% de los productores la pone en práctica), busca torcerle el brazo a una creencia que ha quedado antigua y rezaba que menos cultivos es mejor y creía que tener el lote limpio hasta que llegue el cultivo estrella era lo correcto. Hoy, se sabe, que la agricultura es más parecida a un deporte de conjunto que al tenis, y a las estrellas hay que rodearlas bien para ganar campeonatos. Mientras tanto, si no, se habrán ganado sólo algunos partidos.

En el contexto de la charla “Materia orgánica: cómo y cuánto perdimos y cómo la recuperamos”, se describió la magnitud de la pérdida de MO generada por agricultura continua y se apuntó cómo se puede mejorar el secuestro de carbono por parte de los suelos en la región pampeana.

Investigador y docente de la Universidad de Balcarce y el Conicet, doctor en suelos y cultivos, Nicolás Wyngaard mostró resultados de un relevamiento en suelos de la región pampeana (Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), en el que tomaron los primeros 20 centímetros de suelos agrícolas y los analizaron en 2011 y en 2018, y los compararon con suelos vírgenes.

Al poner los 20 primeros centímetros de suelo bajo el microscopio, según Wyngaard, hay cuatro factores que son importantes: la MO inicial, contenido de arcilla, el clima y el input de residuos.

“El rol de la MO inicial es claro, pero muchas veces no se tiene en cuenta el contenido de arcilla y cumple un rol importante porque la materia orgánica es atacada por los microorganismos para procesarla y liberar dióxido de carbono, sin embargo, la MO puede formar complejos estables con arcillas y limo que le dan una protección física al residuo como una pantalla que evita el ingreso de los microorganismos a esta fuente de energía”, relató Wyngaard.

El investigador destacó entonces que los suelos más arcillosos perdieron menos materia orgánica, porque al reducir la acción de los microorganismos se favorece la acumulación de materia orgánica.

Al analizar el tercer factor que es el clima, juegan dos cuestiones: agua y temperatura.

“A mayor aporte hídrico mayor producción de biomasa y, por ende, mayor ingreso de residuos al suelo, en la temperatura no es tan definida la influencia porque hasta 25 grados, se favorece el desarrollo de la planta por sobre el de los microorganismos y habrá más biomasa, pero por sobre esa temperatura, habrá más descomponedores que atacaran en pos de la descomposición, con lo que aumenta la tasa de pérdida de MO, dijo el investigador.

Finalmente, un párrafo importante para la generación de residuos, porque cuando más haya, mayor contenido de materia orgánica habrá, aunque esto no es ilimitado, tiene un plató, un techo. “En este sentido, los lotes que han tenido más soja en las rotaciones, que deja menos residuos, son los que menos materia orgánica tuvieron”, recordó Wyngaard. Vale recordar que, por ejemplo, una soja de 4000 kilos/ha deja unas 10 toneladas de residuo por hectárea, mientras que un maíz de 9000 kg/ha deja el doble: 20 t/ha.

“Nos planteamos qué hubiera pasado si en estos últimos 50 años de agricultura, en lugar de haber hecho soja, se hubiera hecho maíz y observamos que hubiera aumentado un 8% el ingreso de carbono en el sudeste bonaerense, 17% en el oeste, 20% en Entre Ríos y un 33% en la zona núcleo, que es donde más se hace soja porque rinde más y es atractivo para el negocio”, cerró Wyngaard.

Cómo recarbonizar

También participó de la charla Gonzalo Berhongaray, investigador del Conicet y docente y magister del suelo de la FAUBA, especializado en la dinámica de carbono en el suelo. “El rol de la entrada de residuos en cantidad, mayormente, también en calidad, es fundamental, pero también es importante el rol del suelo en su capacidad de secuestro de carbono, describió.

Berhongaray advirtió que usualmente y durante muchos años se puso el ojo en investigar sólo los primeros 20 centímetros de suelo cuando, en realidad, entre los 20 centímetros y el metro hay mayor cantidad de carbono (el 60%). “Claro, medido en porcentaje de concentración ese 40% en 20 centímetros lo hace mayor, pero en los 80 centímetros subsiguientes hay mayor en volumen”, dijo Berhongaray.

“Hay que saber que los suelos más finos pueden almacenar más carbono por ejemplo, respecto de suelos más arenosos y gruesos, pero también hay que saber que un suelo natural está más cerca de llegar al potencial o a la saturación, mientras que un suelo agrícola, como parte de una mayor deficiencia, está más lejos de saturar y es más receptivo a recarbonizaciones, explicó el investigador.

Entonces, es más eficiente secuestrar carbono en un suelo agrícola que en un suelo natural. También lo es hacerlo de los 20 primeros centímetros hacia abajo.

Berhongaray también mostró datos de cómo aportan carbono distintos cultivos forrajeros en planteos ganaderos, los cultivos de granos, con y sin fertilización, en mejores y peores escenarios. “Lo interesante es que vimos que sistemas agrícolas intensivos se pueden lograr casi los mismos niveles de aporte que tenían los pastizales naturales de la región pampeana”, festejó Berhongaray. O sea, se puede hacer agricultura y se puede hacer bien.

Otra cosa es que, en sistemas de tambo, si encontraron buenos niveles de aporte en el subsuelo, no ocurrió lo mismo con el horizonte A, porque al ser comida la biomasa aérea por parte de los animales los aportes en superficie fueron menores.

Como conclusión, Berhongaray resumió: “Para recarbonizar los suelos o recuperar materia orgánica, lo primero que tengo que saber es qué suelos tengo, su capacidad de secuestro, en segundo lugar, hay que tener en cuenta que la gran oportunidad está por debajo de donde estamos mirando, por debajo de los 20 centímetros, y, finalmente, la cantidad, sí importa, si queremos trabajar sobre el secuestro de carbono, hay que buscar rotaciones y esquemas en los que se logre un gran aporte de residuos”.

Clarín / Juan I. Martínez Dodda

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