Los Cafetales Sanareños en los años de “Juan Vicente Gómez”, 1908-1935

Los Cafetales Sanareños en los años de “Juan Vicente Gómez”, 1908-1935

ESPECIAL.- Sanare es zona privilegiada para la producción de café y según los registros el cultivo tiene presencia certificada desde los años 1850 y de principios de siglo son recordadas las haciendas de Cayetano Pons, Julio Rubén Soto, Atahualpa Goyo Lara, Sinforoso Goyo Lara, Sanjuan Rojas, Melquiadez Zerpa Lara, Don Lucas Piñero, Rafael Amaya, Julio Corrales, Tomas Linares, Nicolás Peraza, Jesús Gonzales, Salvador Escalona, Manuel Benito Escalona, Don Daniel Ortiz, Don José Félix Escalona, entre otros.

 

El cultivo de café, setenta años atrás, se caracterizaba por desarrollarse en grandes extensiones de terrenos que se conocían como “haciendas” las cuales pertenecían a personas con suficiente capacidad económica.

Estas se concentraban en las cercanías de los caseríos que les permitiera hacerse de la mano de obra indispensable para las distintas labores agrícolas además del desarrollo de otros cultivos necesarios para la alimentación humana y de los animales que, indirectamente, se requerían para la producción vegetal.

De manera que, aquellas grandes haciendas debían contar con una extensión de terreno adicional  para el pastoreo de las vacas, los caballos, las mulas y los burros pero también con suficientes terrenos  para el cultivo del maíz, caraotas, arvejas, quinchoncho, chivatas, auyama, caña de azúcar, yuca, cambures, ocumos y batatas, entre otros.

La disponibilidad de suficientes terrenos le confería un valor agregado a las mismas ya que allí podían acudir muchos trabajadores que en condición de medianería podían hacer sus siembras o con la condición de “pagar piso” al dueño de los terrenos para los casos que deseara quedarse a vivir, construir una casa en el lugar asignado y formar una familia.

El “piso” se cancelaba por cosecha o anual y por cada diez sacos de café le correspondía pagar tres sacos al propietario de los terrenos.

La cría de animales para el autoconsumo estaba representada por las gallinas y los cerdos que también necesitaban una porción de aquellos cultivos.

Se cultivaba un único tipo de café caracterizado por ser plantas de frutos grandes y coloración rojo carmesí al madurar, que en cuatro años podían alcanzar alturas de tres metros o más, de pocas hojas, ramas largas y muy flexibles que siempre debían crecer bajo la sombra de los árboles que en su gran mayoría eran bucares y guamos.

Para los meses de inicio del año, cuando comenzaba la época del verano debía hacerse la limpia de los cafetales con la ayuda de una escardilla, siendo el pago o la jornada de trabajo, una medida del terreno que era conocida como “tarea” la cual consistía en una porción del terreno de siete cañas de ancho por siete cañas de largo, pero también podía medirse de tres cañas con dieciséis, o de cuatro cañas con doce cañas de largo.

Todo iba a depender de la forma del lote del cafetal sobre el que se deseaba trabajar, así por ejemplo si el cafetal presentaba una forma algo similar a un cuadrado las tareas más convenientes para medir era de siete por siete, pero si el cafetal presentaba una forma alargada podía utilizarse una medida basada en tres cañas de ancho con dieciséis de largo.

Este trabajo de desyerba era hecho por jóvenes de catorce años hasta hombres de treinta años y quienes median aquellas tareas eran mayores que promediaban los cuarenta o cincuenta años que conociendo el arte de medir tareas eran muy prácticos realizando estas labores y así cancelar el valor del trabajo.

Por supuesto, aquella persona ya conocía que “una caña” consistía en una vara de dieciséis cuartas de longitud o su ahora equivalencia de tres metros de largo.

El trabajo de sacar tareas a escardilla era agotador, sobretodo para los más jóvenes, y más de uno llegaba a desmayarse en aquella exigente labor, mientras que para otros más fornidos y con mayor resistencia resultaba relativamente fácil de realizar, por ello habían obreros o peones que comenzando a las seis de la mañana tenían ya culminada su tarea para las doce del día; por lo que a esa hora terminaba su trabajo y podia ir a la casa a esperar la hora del almuerzo.

En cambio, quien para las tres o cuatro de la tarde no sacaba la tarea no tenía derecho a la arepa completa durante su almuerzo o cena y solo se ganaba media arepa.

Se trabajaba desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, comiendo en el corte pues allí mismo se hacía llegar la comida.

Las mujeres o los muchachos, hijos de los obreros o hijos del mayordomo, o del encargado eran los responsables de llevar la comida hasta el lugar donde se realizaban las labores agrícolas. Aun en tiempos de lluvia el trabajo no podía detenerse.

En aquellas grandes haciendas existía la casa de la hacienda, de grandes corredores y numerosos cuartos en donde, al menos, uno era reservado para el dueño o propietario cuando decidía viajar desde el pueblo para inspeccionar de manera directa algunas labores o recibir alguna relación o cuenta de parte de su mayordomo o encargado, se disponía de corredores, cuartos de depósito, caballerizas,    becerreras y un amplio patio propicio para el secado de los frutos del café.

En algunas de ellas se podía contar con otra casa, u otra área más amplia que anexa a la casa principal era reservada para uso exclusivo de la familia, esposa e hijos, del propietario para la visita ocasional en tiempos de Semana Santa o durante las fechas decembrinas, de igual forma, podían encontrase caneyes para depósitos de las cosechas, ordeños, gallineros u otras áreas utilizadas para la trilla del café.

Cada hacienda debía tener un extenso patio hecho con ladrillo traídos desde el pueblo de Sanare, también debía disponer de una trilla, hecha con un canalón en forma circular hecho de madera y una piedra redonda, similar a una rueda que unida a un eje largo de madera enclavado en un eje fijo debía ser rodada y halada por un caballo o mula sobre una masa de café, depositada en el canalón de madera y así efectuar la acción de trillado del grano.

Un ventilador de madera y aspas de láminas de cinc, movido manualmente por un obrero, era el utilizado para generar un viento artificial suficiente que permitiese pulir o limpiar el café recién trillado y ensacar en “sacos cacahueros” para transportar hasta el sitio de venta.

La rutina diaria en las casas de las haciendas comenzaba a las cuatro de la mañana, allí pernoctaban en lugares separados hombres y mujeres necesarios para los distintos quehaceres agrícolas.

Una hacienda promedio requería de por lo menos tres mujeres, un arriero, un “patiero” y de diez o más obreros de campo, sin incluir una gran cantidad de niños que podían colaborar en los trabajos menos exigentes.

A las cuatro de la mañana comenzaban las mujeres a encender el fogón para hacer el café, mientras “adrede” hacían ascender el humo de aquellos fogones hacia lo alto de las casas en donde se encontraban las trojas y en donde el asfixiante humo apuraba a levantar a los hombres que allí dormían y que hacían de obreros para que ayudasen en algunas labores pequeñas mientras se cocinaba el café.

Estas labores pequeñas, conocidas como “fajinas” podían ser: cortar la leña, buscar el agua en los pozos o manantiales, pilar o lavar el maíz, alimentar las gallinas, los cerdos, ordeñar las vacas, entre otras. El que no colaborase con la fajina no tenía derecho a tomar café.

A las cinco de la mañana tomaban su sorbo de café y se iban en caminata hasta el lote de terreno al que correspondía la labor.

El trabajo prioritario era la atención de los cafetales, siendo estas el desmalezado para los meses de Enero, Mayo y Agosto; la siembra de café en los meses de Junio y la cosecha en los meses de noviembre a diciembre. No se aplicaba ningún tipo de fertilizantes, insecticidas ni herbicidas pues en su gran mayoría no existían o no se conocían.

Una vez terminadas las labores agrícolas del café, se comenzaba el calendario de labores para el resto de los cultivos. En febrero comenzaban las “tumbas” de los barzales para hacer las quemas en marzo y a finales del mes, entrando la primavera, hacer las siembras del maíz, del quinchoncho, junto al cual podían agregar las siembras de las auyamas. Las siembras de las arvejas o chicharos se hacían para los meses de octubre, al igual que las siembras de caraotas que podían extenderse hasta el mes de noviembre, por lo que semanas antes debía desmalezarse, quemar el barbecho e invitar al acostumbrado convite.

Las siembras de los ocumos, yucas, batatas o cañas se realizaban en los meses de marzo y abril, limitándose a porciones de terreno ubicadas relativamente cerca de la casa.

El trabajo del arriero era la atención de las mulas, la selección del potrero, del pasto y de traslado del café hacia la población de Sanare para cuando se lo indicase su patrón o el mayordomo encargado de la hacienda, al igual que surtirse de las provisiones que su mayordomo o patrón ya, anticipadamente, había acordado traer desde el pueblo, generalmente desde el mismo establecimiento comercial donde había depositado parte de la cosecha del café.

De igual manera, del traslado de las cosechas de otros cultivos en apartados terrenos dentro de la hacienda para ser almacenados en los caneyes de la hacienda o en las trojas, sea maíz, o arvejas o caraotas, las cuales en parte también debían ser llevadas y vendidas a las casas comerciales en Sanare.

Estas casas comerciales financiaban económicamente a los grandes hacendados y a su vez éstas eran financiadas económicamente por sus proveedores tocuyanos o barquisimetanos y ofrecían todo tipo de bastimentos: víveres, licores, telas, pólvora, implementos agrícolas, medicinas, aperos, entre otros y dado lo distante de las haciendas hasta el pueblo de Sanare, debían ofrecer el servicio de potreros para que los arrieros, una vez descargada la cosecha recién traída, alojasen a sus animales hasta el día siguiente cuando debían regresar, nuevamente, a las haciendas cargados con los bastimentos solicitados.

Las parrandas y bebidas no faltaban y eran propicias durante la celebración de algún matrimonio, algún bautizo o las más esperadas y rumbosas en el pago de algún velorio o promesa ofrecida a algún santo, básicamente San Antonio o San Rafael, y que por lo general tenían fecha asignada y obligada en cada año o también durante los bailes decembrinos de la Navidad o en la Pascua de Reyes.

En la población de Sanare abundaban los establecimientos comerciales que compraban todos tipo de productos agrícolas; huevos, arvejas, caraotas, maíz o café, los cuales eran transportados, en principio hacia El Tocuyo, pero luego de los años treinta, cuando se construye la carretera Sanare-Quibor, hacia la población de Barquisimeto y de allí hasta la sede de la “Casa Blom” en la carrera 19 con calle 28, empresa alemana que ostentaba el monopolio de la comercialización de café hacia el mercado europeo, misma tienda que a la vez comercializaba productos de fina gama como perfumes, zapatos, telas, muebles, lámparas, pianos, victrolas, y demás artículos que iban adornado las casas de los dueños de las haciendas en los pueblos y en menor medida las casas de las haciendas, además de los utensilios de trabajo como calabozos, machetes, escardillas, polainas, sombreros y demás artículos también del mercado europeo.

Sanare desde aquella época y, posiblemente,  desde los años de los distintos períodos presidenciales de Antonio Guzman Blanco (1870-1888) ha sido un importante productor de café dentro del estado Lara y su contribución a la economía regional y nacional no se discute, pues aporta un diez por ciento de la producción nacional de café, constituyéndose dentro de los primeros municipios mayores productores de café, después del municipio Moran del estado Lara y peleándose el tercer lugar con el municipio Sucre (Biscucuy) del estado Portuguesa, luego de Boconó en Trujillo.

El cultivo del café en Sanare ha significado una mágica riqueza cultural que históricamente merece siempre ser evocada. Allí, alguna vez coincidieron los encuentros, los amores y desamores de nuestros antepasados sanareños.

 

Sanare, Lara, 06 de Enero de 2024. Autor: Ing. Freddy A. Colmenárez-Betancourt (0426.4523682) fantonicbc@gmail.com.

 

Lea También: ¿Cuándo seremos soberanos en la siembra de maíz? / Alirio Rangel Díaz

 

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