El futuro de los alimentos orgánicos en el mundo

El futuro de los alimentos orgánicos en el mundo

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El aumento de la presencia y visibilidad de los productos orgánicos en los canales de venta de grandes superficies -super e hipermercados- parece reflejar la creciente preferencia de los consumidores por los mismos como resultado de los beneficios que les atribuyen.

Desde el inicio de la pandemia se observaron diversos cambios, desde alternaciones sociales hasta productivas y económicas. A su vez, en esta nueva etapa de normalidad se observan cambios en las rutinas y los hábitos alimentarios. Previo al Covid-19, los consumidores tenían varias comidas fuera de su casa, y ahora pasaron a comprar la totalidad de sus víveres de supermercados y almacenes. Si bien una parte de la población ya le daba importancia a los alimentos que consumía, ahora existe una mayor concientización de la dieta y los productos ingeridos.

Lo antes expresado apunta y coincide con la última encuesta publicada por el Instituto de Investigación de Agricultura Orgánica (FiBL, por su sigla en inglés), donde la superficie agrícola dedicada al cultivo bajo prácticas orgánicas se incrementó en 1,1 millón de hectáreas (has.) durante 2019 respecto del año precedente (últimos datos disponibles), totalizando a nivel mundial 72,3  millones de has.

En cuanto a la ubicación geográfica de dicha superficie dedicada a los cultivos orgánicos, la mitad de la misma (36 millones has.) se encuentra localizada en Oceanía, destacándose una elevada concentración en Australia. Por su parte, el continente europeo nuclea, con 16,5 millones de has, la segunda región más relevante en cuanto a la superficie destinada a este tipo de producción, seguida finalmente por América Latina, que concentra 8,3 millones de has. Al respecto resulta de interés remarcar que la superficie destinada a la producción orgánica aumentó durante 2019 en todos los ámbitos geográficos señalados respecto de 2018, con la excepción de Asia, por haberse registrado una retracción de la misma en China.

A su vez, en términos cuantitativos debe enfatizarse que el mercado mundial de alimentos orgánicos alcanzó en 2019 los 106.000 millones de euros, equivalentes aproximadamente a cerca de U$S 90.000 millones al tipo de cambio promedio anual, liderado por los Estados Unidos  (EE.UU.) con  44.700 millones de euros (U$S 38.000 millones), y seguido por Alemania (12.200 millones de euros o U$S 10.400 millones) y Francia (11.300 millones de euros, o sea U$S 9.600 millones).

Diversos mercados de relevancia siguieron mostrando fuertes tasas de crecimiento durante 2019. Así, por ejemplo, los consumidores daneses y suizos incrementaron sus erogaciones en alimentos orgánicos (344 euros o U$S 290 y  338 euros  o U$S 285 anuales per cápita, respectivamente), pudiendo destacarse que Dinamarca registró la cuota de mercado más elevada de consumo de productos orgánicos, que concentraron 12,1% de su mercado total de alimentos.

Como resultado de la evolución global descripta, el sector de los alimentos de origen orgánico se ha convertido en uno de los segmentos más dinámicos de la producción mundial en la esfera de los alimentos procesados, obligando a las empresas manufactureras de dicha rama industrial a extremar sus esfuerzos para detectar tempranamente las preferencias de sus consumidores, con el objetivo de lograr diferenciarse de manera transformadora respecto de sus competidores.

En efecto, cabe recordar que en el caso de la industria alimenticia  -y en particular en el segmento cada vez más dinámico de los denominados “productos orgánicos”- la modernización precoz de la oferta permite a las empresas innovadoras avanzar hacia una posición privilegiada, vital para acceder a mercados desarrollados particularmente exigentes, tales como EE.UU. y la Unión Europea (UE).

Así, la mencionada ampliación de la superficie dedicada a los cultivos orgánicos responde a una notable expansión de la demanda mundial de los alimentos enmarcados en dicha categoría en una vasta serie de mercados, entre los cuales se destacan EE.UU. -seguidos por Alemania y Francia-, registrándose importantes tasas de crecimiento que superaron en este último caso el 13% anual.

En efecto, puede verificarse que esta tendencia alimenticia -calificada como “saludable”- ha alcanzado un significativo avance durante la última década, desde que los consumidores no sólo comenzaron a requerir alimentos funcionales, sino que priorizaron asimismo aquellos considerados desde un punto de vista nutricional más beneficiosos para la salud.

En ese sentido, el aumento de la presencia y visibilidad de los productos orgánicos en los canales de venta de grandes superficies -super e hipermercados- parece reflejar la creciente preferencia de los consumidores por los mismos como resultado de los beneficios que les atribuyen.

Así, dicha expansión en las góndolas de los mayores puntos de comercialización apunta a ganar nuevos potenciales clientes que se manifiestan aparentemente inquietos por la eventual incorporación a sus alimentos de ingredientes de origen transgénico u otros que consideran potencialmente nocivos para las carnes derivadas de diversas especies de cría, aspirando presuntamente a proteger su salud.

Al mismo tiempo, los alimentos orgánicos y ecológicos son asociados progresivamente con la menor utilización de envases reciclables, con lo que los consumidores preocupados por el cuidado medioambiental estiman, asimismo, contribuir con el consumo de los mismos a un doble propósito.

En dicho contexto muchos ingredientes de origen orgánico son utilizados crecientemente en el sector de expendio de alimentos -tanto en EE.UU. como en la UE- donde un número cada vez mayor de pequeños comercios, así como cadenas de restaurantes -inclusive aquellas de comidas rápidas- se hallan sustantivamente comprometidos con el suministro de productos orgánicos.

Más datos

Al respecto, puede destacarse que en la  primera sesión del ciclo “Salud y Producción Orgánica” organizado en  2020 por la Comisión Interamericana de Agricultura Orgánica (CIAO), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Asociación Ecovalia se debatió el papel de la producción de alimentos orgánicos en el contexto de la pandemia en curso, así como sus expectativas futuras una vez superada la misma.

El presidente de CIAO consideró que esta profunda crisis de naturaleza global ofrece una gran oportunidad para los alimentos orgánicos, ecológicos y biológicos, en la medida que los mismos impulsan presuntamente un creciente papel para la protección del ambiente y la salud de los consumidores.

Asimismo, el presidente de Ecovalia destacó que el sector orgánico ha formulado un importante aporte al cuidado de la salud durante la pandemia al ofrecer alimentos seguros, sanos y beneficiosos para los consumidores, lo que se reflejó en un incremento de las ventas de la producción ecológica, ya que la sociedad presume con carácter general mejorar su protección frente a esta crisis sanitaria por vía de la ingesta de alimentos originados en la producción orgánica, a la cual se augura un futuro de aún mayor protagonismo.

En efecto, la pandemia ha evidenciado el avance de formas de comercialización a distancia tales como la modalidad “online” para el envío a domicilio de frutas y verduras -destacándose la distribución por dicha vía de bolsones de mercancía fresca de carácter agroecológico– situación que no parece destinada a retroceder mientras persista la inquietud subsistente entre los consumidores.

Impulso local

A su vez, en lo que concierne al ámbito regulatorio cabe tener presente que compete en nuestro país al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) establecer los requisitos para la habilitación de aquellas firmas privadas -nucleadas en la Cámara Argentina de Certificadoras” técnicamente calificadas para garantizar el cumplimiento de las condiciones técnicas y de calidad propias de la producción orgánica, así como controlar la correcta aplicación de la normativa vigente.

De esta forma, cabe  destacar que la certificación otorgada por el Senasa avala al consumidor la condición de aquellos productos que cumplimentan todos los requisitos y protocolos establecidos para ser considerados “orgánicos”, tales como el uso exclusivo de fertilizantes naturales durante su proceso productivo, encontrarse libre de químicos, así como garantizar el mantenimiento de la biodiversidad por vía de una producción sustentable y sana de la cosecha, transporte y manejo de desechos.

Finalmente,  acorde al informe de la Situación de la Producción Orgánica en la Argentina durante 2020, publicado por Senasa, conteniendo los últimos datos oficiales disponibles, puede concluirse en el plano comercial que: a) los principales destinos de los productos orgánicos siguen siendo las exportaciones a  la Unión Europea y Estados Unidos; b) Estados Unidos dejó de ser el principal destino para las exportaciones de productos orgánicos argentinos; c) se recuperó el mercado de la Unión Europea como principal destino para nuestras  exportaciones, constituyendo el 46% de los productos;  d) el total de las exportaciones de productos orgánicos certificados disminuyó 17% respecto a 2019; e) respecto al año anterior, sólo aumentaron las exportaciones de hortalizas y legumbres; f) los cereales y oleaginosas orgánicos han vuelto a caer por cuarto año consecutivo;  g) el consumo de productos orgánicos en el mercado local sigue mostrando una baja  participación del volumen total certificado, pero continúa su tendencia creciente;  h) las exportaciones de productos de origen animal han disminuido, pero se destacan las  exportaciones de la actividad ovina (carne y lana); i) la superficie bajo seguimiento creció y alcanzó los 4,4 millones de hectáreas. Las  unidades productivas bajo seguimiento aumentaron un 6%; j) las existencias de animales bovinos volvieron a subir, también crecieron las de ovinos, y k) en apicultura las exportaciones disminuyeron, como también lo hizo el número de colmenas bajo seguimiento.

Las proyecciones

Asimismo, un trabajo del área de la Unidad de Estudios de Economía Industrial y Prospectiva del  Instituto Nacional de Tecnología Industrial destacó que la superficie orgánica cosechada en la Argentina creció 20% en 2020 y respecto del año anterior, lo que se trata de 4,4 millones de hectáreas certificadas. Ello significa que el  país queda segundo en el ranking de extensión de tierras certificadas para producción orgánica de alimentos, solo detrás de Australia.

Cabe destacar, que en enero del presente año (2021), con el foco en una “producción agrícola sostenible”, el Ministerio de Agricultura lanzó un Plan Estratégico del sector de la Producción Orgánica Argentina 2030. El objetivo es posicionar a la producción orgánica “como un modelo productivo diferenciado para las producciones, tanto primarias como industriales, basado en la preservación ambiental, sostenibilidad y el desarrollo sustentable”, y así lograr “mayor producción, así como también mayor cantidad de productores y puestos de trabajo con arraigo territorial”.

Desde la cartera resaltan que hacia finales del año pasado se registró un incremento del 14% en ventas y volúmenes de productos orgánicos respecto al año anterior, y su principal motivo fue el cambio en los hábitos de consumo como resultado de la pandemia de Covid-19.

Por lo demás, en lo que atañe al consumo interno de alimentos orgánicos en nuestro país una encuesta nacional de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) -junto a la consultora Voices- señaló que 46% de los consultados afirmó haber ingerido algún producto de la categoría durante 2018 – último dato disponible- , parámetro al que se asigna vital relevancia para el futuro potencial del sector si se tiene en consideración que sólo 26% de los encuestados se manifestaron en tal sentido en 2015.

En conclusión, las tendencias de un porcentaje de los consumidores -cada vez más severos y estrictos en sus exigencias alimenticias, en particular en los países de elevados ingresos-  alientan nuevas oportunidades de negocios para proveedores de alimentos y bebidas de carácter orgánico, lo que presenta un horizonte prometedor para los productores locales de bienes “certificados” capaces de garantizar el cumplimiento de las normas y principios internacionalmente reconocidos para la producción ecológica, permitiendo así abrir nuevos nichos para la comercialización internacional de productos agroindustriales.

(*) Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución en la cual se desempeña

 

El Economista

 

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