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Comercios saturados de rubros brasileños que carcomen el poder adquisitivo

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Liang Fa Ning está detrás del mostrador de su abasto. Frente a él: tres torres de arroz se levantan en una suerte de barricada. Además de arroz hay aceite, pasta, azúcar y otros tantos productos que antes atraían y hacían formar kilométricas colas en Ciudad Guayana. Ya no las hay.

El propio Fa Ning que, meses antes, vio muy cerca la posibilidad de cerrar el negocio, reconoce que la escasez ha mermado, pero todo está muy caro. El problema, como antes, sigue siendo la espiral inflacionaria y el sacudón que ha significado importar rubros a precio internacional en un mercado acostumbrado a rubros subsidiados y baratos.

Así como el Supermercado Central Orinoco, en la urbanización Mendoza, luce con los estantes cubiertos de productos que habían desaparecido, la mayoría de los negocios de alimentos en Puerto Ordaz se muestran rebosantes de artículos importados de Brasil, cuyos precios se han estandarizado, pero siguen distantes del real poder adquisitivo del venezolano, cuya remuneración mínima legal es de Bs. 22.576, a la que se suma el bono de alimentación de Bs. 42.480.

“Cuando voy a comprar me llevo los productos y contaditos porque se hace difícil hacer un mercado porque todo es muy elevado”, asegura Damián Romero, frente a un estante de salsas de tomate en el Supermercado Nuevo Pekín. “Lo más preocupante es que ya no hay productos nacionales, pero losbachaqueros tienen en abundancia”, añade.

Mientras los rubros brasileños siguen llegando en gandolas, escoltadas por la Guardia Nacional desde la frontera con Brasil, los rubros esenciales de producción nacional están desaparecidos. Los que han vuelto en las últimas semanas marcan precios abismales, a decir de Luisa Sosa, quien comenta que “más vale rezar que ir al supermercado, esa es una penitencia”.

Clemencia Espinoza asegura que la importación masiva de productos brasileños, algo nunca antes visto en Bolívar, permite que las amas de casa puedan conseguir los productos, “pero tienes que limitarte a tu capacidad adquisitiva porque los precios son bastante fuertes, si antes comprabas tres kilos de arroz ahora compras solo uno”.

“El problema ahora no es la escasez, sino el precio, es la hiperinflación que tenemos. En cierta medida, se están sincerando los precios pero no nuestros ingresos. Para decir que todo está bien deberíamos ganar en dólares”, enfatiza, mientras carga un par de frascos que, estima, suman unos 4 mil bolívares.

Un Carrito Costoso

Sumando y sumando, el carrito de rubros brasileños más los contados nacionales que empiezan a aparecer en los estantes cuesta Bs. 52.991, de acuerdo con el recorrido realizado por al menos seis supermercados en Puerto Ordaz. La suma, con al menos un empaque de cada artículo, consume la totalidad del bono de alimentación y más, sin incluir en la cesta, proteínas como pollo y carne, verduras y frutas. Algunos de los rubros del carrito se agotan en menos de una semana.

“Hace cuatro o cinco meses, aunque tenías dinero, no había dónde comprar. Ahora en dos o tres cosas se te acaban los 15 o 20 mil bolívares que tengas”, asegura Octavia Castillo, aludiendo a una cifra que roza el salario mínimo actual, vigente desde septiembre, de Bs. 22.576.

“Lo más triste es que te puedes llevar una bolsa de cada producto, pero ¿cuánto alcanza eso? A veces ni cuatro días y rindiéndolo”, añade Anais Peña, una ama de casa residenciada en Castillito.

Dos meses sin marca nacional

La saturación de productos brasileños en el mercado regional no solo benefició a consumidores, sino también a empresarios que se vieron al borde del cierre. Fa Ning, el encargado del comercio asiático Central Orinoco en la urbanización Mendoza, comenta que en varias ocasiones se habló de cerrar, “pero estos productos fueron un alivio”.

Entretanto, los rubros nacionales como la margarina Mavesa o la harina PAN tienen dos meses sin llegar a sus estantes. Alfredo Tirado lo atribuye al desvío a los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP). “Fue una estrategia política por donde lo veas, desviaron lo regulado a los CLAP para engolosinar al pueblo y dejaron entrar productos para dejar solo lo caro en los mercados. Al final, todos igual tendrán que venir a comprar o morir de hambre porque esas bolsitas no alcanzan para nada”.

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Correo del Caroni /  María Ramírez Cabello / mramirez@correodelcaroni.com

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