El toro por los cachos / MV Pedro Piñate

El toro por los cachos / MV Pedro Piñate

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“Los países civilizados no exportan materia prima sin antes transformarla localmente, de lo contrarío estarían creando ocupación en el país comprador y desocupación en el país proveedor. No exportemos  cuero, exportemos zapatos.”

Manuel Belgrano  1770-1820

            Muy contento el ministro de turno de Agricultura anuncia y filma el despacho sexto de ganado gordo a Medio Oriente. Son 11.200 cabezas que en tiempo récord de 48 horas se embarcaron, siendo parte de las 300.000 que el ministro informa exportarán. Mientras un silencio sepulcral se escucha en la Venezuela ganadera. De acuerdo a unos cuantos productores y dirigentes que las respalda o han decidido callar y no oponerse con similar consecuencia, esa exportación conviene pues es una “válvula de escape” frente a la crisis y la pérdida de capacidad adquisitiva, pues da salida a la baja de la  demanda interna de ganado e inclusive podría estimular al alza el precio del ganado. Según otros que tampoco en público opinan o lo hacen con mucha reserva, podrían ser convenientes pero  no como se hacen solo favoreciendo unos pocos anónimos exportadores “enchufados” a quienes el régimen asiste interna y externamente por su sociedades  políticas-diplomáticas nay de negocios en países del Medio Oriente, dispuestos a importar ganado de Venezuela un país no declarado ni reconocido por la Oficina Internacional de Epizootias OIE, como libre de fiebre aftosa pues no lo es ni ha probado ante esa instancia.

 

           Al respecto es relevante y necesario que se dé una discusión pública sobre el asunto. Si bien los dueños del ganado pueden venderlo a usen les venga en gana y el régimen autorizar y ayudar su exportación, no es menos cierto que la oferta interna de ganado y carne al mercado y el consumo puede impactarse con  consecuencias para productores y consumidores.   Como es sabido el alza última de precios de ganado y carne siguiendo el “acuerdo” del circuito cárnico y el régimen de abril 2020, fue en  detrimento para productores y consumidores. A los productores todavía a estas  alturas de febrero 2021 no les ha alcanzado el dólar por kilo en pie ni los dos dólares por kilo en canal, mientras los consumidores pagamos 4,5,6,7,8,9,10 y más dólares por kilo de carne al detal. Para los consumidores de bajos ingresos, los “acordantes” no dejaron nada accesible ni siquiera el hueso para sopa.

 

           Así más rápido que inmediatamente  el consumo de carne y su demanda como la del ganado más se deterioró. En una cadena donde se compra barato al productor y se vende 7, 8, 9, 10 o más al consumidor, no puede esperarse otra cosa. Consecuentemente si la oferta interna de ganado decae, que es la de carne porque importada igual o más económica no hay, el precio interno del ganado en pie, en canal y de la carne al detal subirán. Y siendo así la necesaria estabilidad de precios no se logrará devolviéndose como bumerán el alza a los mismos productores pues el consumo y la demanda seguirán cayendo, como también a los consumidores que de menos de un kilo de carne al mes que hoy compran y comen, seguirán bajando hasta y menos de medio kilo al mes.

 

          De manera que convertidos en veganos, los consumidores venezolanos  cada vez consumirán y demandarán menos carne de res, lo que parece, a decir de las exportaciones que promueven, importa una pito al régimen. De hecho la hambruna actual resulta de sus políticas y más se agravará con menos oferta interna, consumo y demanda de carne.  Asumiendo un censo de ganado imaginario de 16 millones de cabezas, desinforman sobre lo poco importante de las 300.000 cabezas que tienen como meta exportar a espaldas del hambre del pueblo. Como todos en la ganadería sabemos tal inventario de ganado no existe y la realidad del beneficio anual formal e informal que ronda las 500.000 cabezas, es indicativo de una población de ganado muy pero muy inferior a las cifras desinformadas. Tanto así que 300.000 toros gordos de exportación pueden equivaler a más de la mitad del beneficio anual.

 

           No existiendo estadísticas agrícolas ni pecuarias confiables, cada quién maneja la que le conviene. Sin embargo no se puede tapar el sol con un dedo y la realidad apunta hacia mínimos inventarios que sin insumos ni atención debida, tienden a descender.  Eso significa que en en el corto plazo la reproducción y salud de los rebaños será menor, con menos nacimientos, más mortalidad y morbilidad, menos destete y mautes para levante y engorde, menos novillas de reemplazo, en fin menos ganado para beneficio.

 

           Sobre el por qué un país en condición de hambruna y crisis humanitaria debe proteger sus inventarios de ganado, la respuesta debería ser obvia pero no parece, y de allí la importancia de tomar el toro por los cachos. Tanto ganaderos como consumidores deben decirle al régimen que su quiere exportar ganado, comience por una política agrícola y pecuaria que estimule decididamente la producción, el consumo y la demanda de la producción nacional. Que así como hay combustible para las gandolas de los enchufados que llevan su ganado a Puerto Cabello y no los  paran en las alcabalas donde a todos los mortales cobran corrupto peaje, asegure el combustible para atender las fincas regularmente. Y así todo lo demás que se se puede hacer para ayudar al productor del campo y que tienen 22 años seguidos perjudicando.

 

          Como sea que muchos de los que hoy callan parecieran olvidar todo el daño causado por el régimen Castro comunista a la agricultura, los agricultores, a Venezuela y a todos los venezolanos hoy pasando hambre y miseria,  el pragmatismo de los negocios que con o a través de el se planteen, olvida que de seguir así el país no se va a arreglar para nadie. Hay un componente moral, cívico, ético y patriótico envuelto en todas las actividades empresariales que cuando faltan solo auguran el bien o beneficio unilateral del empresario que así actúa, y el mal o pérdida, perjuicio de aquellos de quienes se aprovecha y lucra.  Y aunque se alegue la desesperación y estado de pérdidas para respaldar lo irrespaldable, cierto es que los productores del campo y la mayoría de los venezolanos que nos estimamos, no debemos hacer negocios ni darles visto bueno, con el régimen y sus socios “enchufados” quien quiera que sean.

           Por encima de los negocios y la rentabilidad,  Venezuela es primero. Quien no tiene legitimidad, es enemigo de la propiedad e inversión privada, y durante 22 años ha conducido el país a la debacle total, no debería ser sujeto de colaboración ninguna por parte de empresas ni ciudadanos que se estimen. La libertad, la democracia y el estado de derecho debemos en Venezuela restituir primero para que la producción, consumo y demanda interna de carne se normalice y hasta realicemos exportaciones transparentes y competitivas en igualdad de condiciones no de materia prima sino productos transformados que dejen aquí el valor agregado y subproductos. Ese es el toro por los cachos que debemos los del campo enlazar, tal como el llanero a caballo, del escudo del Estado Guárico que soga en mano va tirando un lazo, a dos toros alzados cimarrones que huyen.

 

Pedro E. Piñate B. MV, MSc.

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